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TRIBUNA

En memoria del profesor Andrés Suárez y Suárez

 

gaspar gonzález gonzálezgaspar gonzález gonzález 19/05/2006

EL 19 DE MAYO se cumplió un año del fallecimiento del que fue mi más entrañable amigo, fiel colaborador y abnegado, profesor Andrés Suárez. Por hallarme fuera de Madrid no tuve noticias hasta pasados unos días, de aquel luctuoso suceso, así que no pude asociarme entonces al dolor de Noly y sus hijos. Digo el más entrañable amigo desde que en octubre de 1939 coincidimos en la Escuela Superior de Veterinaria de León y, más tarde, como docentes, en la Universidad de Madrid, además de compartir habitación en la que llamábamos «Casita del Bosque» un chalé anejo al Colegio Mayor César Carlos. Y, repito, también colaborador fiel y abnegado desde el año 1947, en que se embarcó en la arriesgada aventura de Madrid, hasta que obtuvo la cátedra de León en 1954. De esta convivencia y estrecha colaboración guardo muchos e imborrables recuerdos, de los que quiero y debo dar cuenta, aunque me asalta el temor de abusar de referencias personales; pero ellas son inevitables. Porque durante los 25 años que separan dichas fechas nuestras vidas corrieron paralelas sin que surgiese la más mínima desavenencia, imposible, por otra parte , dado el bondadoso talante de Andrés. Habíamos accedido entonces a las aulas más de 300 aspirantes a veterinarios. Entre tan gran número pronto empezamos a aproximarnos, a compartir apuntes -que pasábamos con una máquina de escribir alquilada en una academia dirigida por el omnipresente en la vida leonesa, P. Eduardo G. Pastrana- y estudios en común en la acogedora y caliente Biblioteca Azcárate de la Fundación Sierra Pambley bajo la vigilancia del P. Antonio González de Lama. El año 1942 adelanté curso, él no pudo hacerlo porque disfrutaba de una beca que se lo impedía; esto nos separó de momento. En 1945 establecí de nuevo contacto con Andrés, durante mi cortísima adscripción a la Facultad de León, pues me invitó a pasar unos días en La Rua de Petín donde era Veterinario titular. Fue una maravillosa reanudación de nuestra amistad e hicimos planes para el futuro; planes que empezaron a cristalizar en 1947 cuando obtuve la adjuntía de Fitotecnia, Economía rural y Estadística Pecuaria de la Facultad de Veterinaria de Madrid y me incorporé al referido C.M. César Carlos. Porque Andrés, consecuente con su decidida vocación, no dudó en atender mi llamada. Dejó su segura y cómoda plaza de Inspector veterinario de Escatrón y se vino a Madrid con lo poco que le podía ofrecer entonces: una ayudantía de clases prácticas, una beca en el Instituto de Edafología y Fisiología Vegetal que regentaba J. María Albareda y una plaza en el referido Colegio Mayor. Así inició su colaboración en la docencia y dos años de trabajo intenso para establecer el sólido cuerpo de doctrina veterinario de una asignatura que, equívocamente etiquetada, comprendía muy diversas materias, de muy difícil, si no imposible, dominio simultáneo a nivel universitario, por un docente, cualquiera que fuera su capacidad intelectual. Andrés supo afrontar las dificultades y contribuyó con entusiasmo a realizar la selección y síntesis para elaborar los programas teóricos y prácticos, acordes con los fines académicos y profesionales veterinarios. Pero había que perfeccionarlos. Con este objetivo, a finales de 1949, me desplacé al Reino Unido, pensionado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Por ello parte de los cursos 1949-50 y 1950-51, Andrés cargó con la plena responsabilidad de las enseñanzas. Y lo hizo con brillantez, abnegación y dedicación absolutas. Sé muy bien lo duro que fue para él desarrollar las tareas docentes y, al mismo tiempo. elaborar su tesis doctoral que leyó el 15 de diciembre de 1950. Regresé del Reino Unido y obtuve en 1951 la cátedra, de este modo Andrés accedió inmediatamente a la adjuntía vacante. Después de haber estado pensionado en 1952 por el CSIC en la Estación Experimental de Praticultura de Lodi y en la Universidad de Pisa, el 23 de noviembre de 1954, con el voto unánime del tribunal, del que tuve el honor de formar parte, obtuvo la Cátedra de Agricultura y Economía Agraria de la Facultad de Veterinaria de León. A partir de aquí, lo mucho que Andrés dio a la Universidad, a la profesión y a la sociedad, ha sido justa y sentidamente glosado por sus compañeros, amigos y discípulos leoneses Con estas líneas quiero expresar mi más sentido homenaje a la memoria del profesor Andrés Suárez y Suárez , el bueno, el más entrañable, valioso y fiel amigo y colaborador de mi vida.




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