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TRIBUNA

En el olvido olímpico

 

FELIPE FERNÁNDEZ DE MATA
03/08/2012

En el año 1956, un viejo lanzador de barra española, o barra vasca, Félix Erausquin probó con la jabalina y lanzó 83 metros, lo que mejoraba el record español y se acercaba a 20 centímetros del record mundial. Félix tenía entonces 48 años. Poco más adelante en el tiempo, lanzó la jabalina con el nuevo estilo rotatorio, llamado «español», un joven atleta especializado en lanzamientos de peso y disco. Era Miguel de la Quadra Salcedo. La jabalina voló más allá de los 112 metros y batió el record mundial. Era el primer español en hacerlo. Sin embargo, los Juegos Olímpicos de Melbourne estaban cerca y la Federación internacional de atletismo, la IAFF, prohibió el nuevo estilo de manera fulminante, alegando riesgo para los espectadores. En efecto, los nuevos lanzamientos, en los que el atleta giraba sobre si mismo, como lo hacen los lanzadores de martillo, o lo hizo Manolo Martínez en peso, dejaban cortos a los estadios, y de hecho hubo algunos espectadores que resultaron heridos por los lanzamientos.

¿Porqué no se aceptó el nuevo estilo, pero obligando a realizar el lanzamiento dentro de una jaula como la del martillo? No hay respuesta a esta pregunta.

Y sin embargo, en el año 1984, Uwe Hohn lanzó 104 metros con el estilo convencional, y lo que se hizo entonces fue modificar la posición del contrapeso de la jabalina, lo que «encogió» las marcas a los ochenta y tantos metros.

Lo que sucedía en 1956 era que España no contaba nada en el olimpismo o en el mundo internacional y asustaba la posibilidad de que poco antes de los JJOO unos desconocidos rompieran el ranking mundial sin dar tiempo a los demás atletas para prepararse en el nuevo estilo. Piénsese que el campeón olímpico de 1956, lanzó «solo»85 metros.

Así pues, Erausquin y Quadra pasaron al baúl del olvido deportivo cuando bien pudieron haber sido los primeros atletas campeones de la historia de España.

Para poder contemplar mejor la posible situación de agravio que la medida de la IAAF supuso para España, pasaremos a continuación a 1968. Han empezado los JJOO de México y en salto de altura compite un joven americano, Dick Forsbury. En el más absoluto de los secretos ha preparado un nuevo estilo de salto que revoluciona todo lo conocido. Todos los saltadores utilizaban en aquel entonces el rodillo ventral con y con él Ralph Boston y Valery Brummel dominaban la escena, aunque este último había sufrido un grave accidente de moto que le alejó de estos juegos. El joven americano saltó, ¡Oh Maravilla nunca vista hasta entonces!, de espaldas y con un estilo que se llamó en honor suyo el «Forsbury flop». Pues bien, ganó la medalla de oro entre las medias risas y la estupefacción de todo el mundo. Naturalmente, la IAFF no se atrevió a prohibirlo.

¿Por qué? Voy a dar unas pistas: se trataba de un atleta americano, que estaba compitiendo en la final de los JJOO, ante las cámaras de TV de todo el mundo, y con un estilo mantenido en secreto hasta la misma competición.

¿Cual es la diferencia entre estos dos casos? Preparación concienzuda, presentación, y poder político, peso específico del país en el mundo: eso es lo que aparentemente diferencia la chapuza bienintencionada del trabajo bien hecho.