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león en verso

Por esos libros que no son tesoros

 

luis urdiales
12/09/2018

Ya está próxima a tomar las calles la primera generación que no ha podido acceder a los valores sin cobertura de 4G. Otro obstáculo mayúsculo para el propósito educativo que se renueva cada año por esta fechas; cuando septiembre obliga a ponerse de perfil para evitar un descarrilamiento del tren de la economía familiar sólo comparable a los excesos que preceden a la cuesta sin frenos de enero, o al jolgorio inconsciente del verano. Avanza la tendencia a evaluar la política educativa por el balance del gasto; la vuelta al cole arrasa las cuentas corrientes de la gente normal; una parte relevante del sablazo se explica por la inflación de los libros de texto, parece que material indispensable para acercar el conocimiento a alumno en edad de escolarización obligatoria. Papel impreso al peso es una forma de medir la eficiencia del sistema; no hace falta detenerse en los contenidos, que en algunos campos merecen la misma respuesta que las alusiones a León por parte de los comentaristas de las retransmisiones ciclistas en televisión, para observar las incógnitas sobre quién decide que sea una editorial y no otra la encargada del suministro. Nada que se explique basta para rebajar obscenidad tal como que un ejemplar de la Ilíada se pueda encontrar por una docena de euros y un manual de historia para embutir doctrina interesada a los alumnos de bachiller se cotice a no menos de 40. Al final, han logrado que se mire a la educación por el prisma materialista que sólo conviene a quien quiere echarla abajo. Si resulta cara para un país, probad sin ella, suelen responder los oportunistas de un debate que enciende el cabreo general; de los padres, encabronados con el cargo de la factura que sucede a la reapertura de las puertas del colegio; de los profesores, desilusionados por el abismo que media entre la función imprescindible que deben desempeñar y la interpretación que se hace de ella; y los alumnos, que sólo quieren verla muerta para desollarla. La educación avanza por el camino del fracaso mientras no le saquen de esa espiral de intereses espurios que la envuelven; miren, si no, a los chavales, que no ven otro aliciente al asunto que la pasta gansa que le pueden sacar a los libros de este curso en el mercadillo de ocasión del próximo septiembre.

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