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AL TRASLUZ

Una exclusiva imposible

 

EDUARDO AGUIRRE
15/05/2018

Todos tenemos un vecino del 9ºB que nos mira raro, incluso si vives en un chalé adosado. Los míos llevan meses mirándome así, desde que en mi casa escuchan voces raras. Hasta me eluden en el ascensor. Pero todo tiene una explicación, no necesariamente de las de Cuarto Milenio. En las páginas de Cultura la encontrarán más detallada. Este viernes, entrevistaré a Cervantes, en el Palacio del Conde Luna. Y en mi casa llevo meses ensayando en voz alta, servidor en el papel de sí mismo, mi mujer ayudándome en el don Miguel, pues sobre el escenario lo interpretará la gran actriz mexicano leonesa Ángeles Rodríguez. Comprendo, pues, que los vecinos —ajenos a mis cometidos— estén un tanto asustados con lo que escuchan y hayan llamado a un exorcista. Lo cuento aquí para invitarles a ustedes que vayan, como hizo Lolita con su primera boda. Ahora bien, tampoco quiero gritar como su señora madre: «si me queréis, irse». «Somos el bueno, el fe y malo. ¿Podemos pasar?». Avanti. «Hola, somos los Coro de Nabuco. ¿Hay sitio?». Adelante, pero sin turbantes. «Buenas tardes, somos el Cuerpo de Bomberos». Bienvenidos, pero dejen la manguera fuera. Y así hasta completar el aforo, que para eso es una actividad gratuita. Ayer el alcalde de León, Antonio Silván, y la concejala de Cultura, Margarita Torres, presentaron a los medios esta madre de todas mis exclusivas imposibles. Aunque mi intención no ha sido hacer un texto feminista, me sentiré muy feliz si contribuye a llamar la atención sobre la igualdad de las mujeres, derecho del que don Miguel fue firme defensor.

Cervantes vivió en Valladolid con cinco mujeres (esposa, hija, hermanas y una sobrina) a las que en el barrio apodaban ‘las cervantas’. Pero si hubo una de rompe y rasga en su vida fue su madre, doña Leonor, quien se encargó de que toda su descendencia supiese leer y escribir, algo inusual en el siglo XVI. Si no es por ella, no regresa de su cautiverio en Argel.

Luego, señores vecinos, no es necesario que venga un exorcista desde Roma. Las voces raras que se escuchan en casa, desde hace semanas, no proceden de otro demonio que el de los ensayos domésticos. Lo advierto porque la próxima exclusiva imposible que estoy barajando es al conde Drácula.

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