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La Galerna

El extremismo de las redes sociales

 

ANA GIL
10/07/2018

A mi me alucina lo de las redes sociales. Son todo un fenómeno, para lo bueno y para lo malo. Tienen todo el poder para encumbrarte si se da el caso y la misma facilidad y rapidez para destruirte. En este mundo en el que todo transcurre tan deprisa, las redes sociales se han convertido en un arma casi imprescindible. Contribuye a dar todavía más velocidad a nuestro ya frenético ritmo. Nos enteramos antes que nadie de lo que acontece, aunque ni siquiera nos importe, pero ahí está para quien tenga interés. Podemos enterarnos de casi todo, desde la cantidad de mantequilla que unta nuestra vecina del quinto en su tostada hasta el último tuit del presidente del Gobierno, pasando por la piscina en la que pasa sus vacaciones aquel compañero de pupitre que tuvimos en la EGB o la última ocurrencia sobre lo más existencial de alguien a quien conocimos un día, ya lejano, pero del que no recordamos ni su nombre.

Si, de casi todo puede enterarse uno a través de este escaparate de lo más variopinto en el que se expone también la ignorancia más absoluta y la falta de respeto, las ideas políticas, los gustos culinarios y hasta las noticias. Y son también un territorio apto para el extremismo y un lugar sin ley en el que cualquiera puede insultar y atacar con la impunidad que otorga el poder ponerte cualquier nombre. Jack el destripador, mismamente. Qué valiente, oye. Así cualquiera.

Me pregunto dónde quedó aquella idea inicial que las dio forma como un foro de debate, sin necesidad de atacar al otro. Porque ahora son también un arma de acoso entre los jóvenes, una auténtica pesadilla para muchos, que se ven expuestos, así sin más, a las burlas de otros tantos. Y en ese caldo de cultivo se pasan horas muchos niños y jóvenes, expuestos a diario a este cúmulo de despropósitos. Que si, que Internet tiene mucho potencial, nos ha ayudado a avanzar en muchas cosas, es el gran descubrimiento de las últimas décadas, una auténtica revolución que también trae dolores de cabeza. Las redes son otra cosa. Por algo muchos de los grandes ejecutivos del mismísimo Facebook aseguran ahora sentirse mal por haber creado estas herramientas que, aseguran, nos programan constantemente y a las que alejan, como alma que lleva al diablo, a sus propios hijos. No estaría mal tomar nota. Y compartirlo.

   
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