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fuego amigo

Un franquista recalcitrante

 

ernesto escapa
03/03/2018

Con la arrogancia que él solo se otorga, el ya descatalogado Fernando Suárez, que fuera vicepresidente tercero del último gobierno de la dictadura (el de los fusilamientos que inspiraron Al alba, la hermosa canción de Aute), ha decidido a sus 85 años trampear con la memoria, combinando confidencias domésticas en el diario ovetense La Nueva España, donde viene desgranando la estela trucada y oblicua de su trayectoria, con estancias de exposición prolongada en las terrazas de la plaza de Los Naranjos marbellí, un escenario propicio a la recepción de adhesiones y testimonios alabanciosos.

Nada que objetar a tan profusas deposiciones, excepto corregir sus engaños y mentiras. Ya es curioso que eligiera Oviedo para la confidencia, cuando su actividad familiar y política ha discurrido más vinculada a León. Seguramente, porque es muy consciente de que aquí no iban a colar tan frescos y gratuitos embustes. Porque quien más quien menos ya conoce sus andanzas y rebotes. Desde el berrinche de barra navideño que no fue capaz de disimular por su nombramiento frustrado como senador real, a la cochambrosa charcutería de una ruptura familiar que lo jostreó sin clemencia ni decoro en las páginas de Interviú. Al fin y al cabo, cuestiones privadas que cada cual administra como mejor sabe o puede.

No es el caso de otros asuntos públicos, en los que pretende aplicar burles de trilero. Presume de no haber militado en Falange, después de haber sido director general de su Instituto de la Juventud y responsable en diferentes y crecientes escalones del Seu y de la Oje, además de director de varios colegios mayores azules madrileños, como Santa María y Covarrubias, en años troncales de la dictadura. También alardea del respeto universitario ovetense a Clarín, silenciando el fusilamiento de su hijo por el hecho de serlo y la estrafalaria venganza de fusilar incluso su monumento del parque de San Francisco, cuyos restos destruidos y tiroteados con saña se conocían en la posguerra como piedras blancas.

En cambio, un pájaro tan locuaz y memorioso nada cierto dice de su padre, el empresario republicano Suárez Valgrande, quien en la represión del 34 fue traído a León agonizante, después de su tortura en los cuarteles del valle de Gordón. Lo relató con detalle Félix Gordón Ordás ante la comisión de investigación parlamentaria, donde expuso los abusos cometidos en Asturias, León y Palencia. Choca el engaño en quien evoca sus estancias en el hotel familiar de Pajares e incluso en el estanco de su abuela. Es verdad que el escarmiento alejó al padre de su militancia hasta que encontró la muerte en una colisión brutal de tráfico, al chocar de frente a la salida de Medina de Rioseco con el dentista leonés Miguel Álvarez.

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