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TRIBUNA

Fuentes del Narcea y del Sil y Ancares, Parque Nacional

 

Joaquín Arce Fernández Ecologista y economista
06/02/2018

En este año 2018 deberán cerrarse todas las minas de carbón que todavía permanecen activas con ayudas públicas. En caso de que las empresas propietarias quieran continuar deberán devolver las ayudas recibidas en los últimos años, que estaban condicionadas a ese cierre. Para algunas personas esto puede parecer una mala noticia, por la pérdida de empleos y rentas en las comarcas mineras. Pero si lo analizamos con visión de futuro es una gran noticia y una oportunidad luminosa porque forma parte de un proceso planetario de lucha contra el cambio climático y de reforma del modelo energético hacia otro más sostenible, tecnológico y saludable. El cierre de las minas afectará de forma especial a la comarca del suroccidente asturiano y a las zonas vecinas del norte de León y supondrá un cambio radical en su orientación productiva.

En 2018, además, se cumple el centenario de la declaración en 1918 del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, el primero de los existentes en España. Otra buena noticia por lo que supone de consolidación de las políticas de respeto hacia nuestro entorno natural, de educación ciudadana y de mantenimiento de la biodiversidad. En este siglo de vida, el Parque Nacional, hoy llamado de los Picos de Europa tras su ampliación de 1995, ha demostrado ser un instrumento útil para la conservación medioambiental y el desarrollo económico sostenible de la comarca, pese a sus muchas carencias.

Si a estos dos hechos añadimos los ricos valores naturales que se conservan en la zona fronteriza entre Asturias, León y Galicia a pesar de los impactos de la minería: bosques extensos de robles y hayas en suelos silicios con la principal población de oso y de urogallo cantábrico de España, y la renqueante y conflictiva evolución de las figuras de protección hoy vigentes podemos concluir que el futuro de esas comarcas podría pasar por su declaración, con apoyo local de la población, como parque nacional, incluido en la Red Española de Parques, formada hoy en día por 15 espacios.

Para que un espacio natural pueda ser parque nacional debe reunir los requisitos previstos en la Ley 30/2014 de Parques Nacionales y ser declarado por el Gobierno español. Todos esos requisitos los podría cumplir el territorio del actual Parque Natural asturiano de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias junto con los Ancares gallegos y leoneses y los montes de la cabecera del río Sil, extensa área que podría proponerse como candidata a parque nacional, siguiendo el procedimiento previsto en esa Ley.

La declaración como parque nacional tiene efectos jurídicos importantes. Entre ellos, a medio plazo, el fin de la pesca y la caza deportivas, de la tala con fines comerciales y de todas las actividades mineras, energéticas, industriales, de nuevas infraestructuras y urbanísticas dentro de su territorio. La ley contempla la indemnización a propietarios que pudieran verse afectados negativamente en algún derecho por la declaración, o los acuerdos voluntarios. Pero también tendría unos impactos económicos positivos extraordinarios en las villas y pueblos gallegos, asturianos y leoneses de su entorno, que permitirían abrir una nueva etapa de desarrollo como nos muestra el auge turístico de los municipios del Parque de Picos de Europa.

En otras regiones como Andalucía han sabido ver este potencial ambiental y turístico de futuro y en la actualidad están tramitando la declaración como parque nacional de la Sierra de las Nieves, próxima a la costa del Sol, con amplio apoyo social. El hecho de que en un lugar con tanto dinamismo turístico consideren muy útil tener cerca un parque nacional nos da idea de la potencia de ese instrumento para la conservación y el desarrollo económico. Asturias, Galicia y Castilla y León, regiones hoy en declive, deberían estar atentas a ese ejemplo andaluz y hacer lo mismo.

El cierre de la minería y la reconversión de los Ancares y la zona alta del Narcea y del Sil en un parque nacional debería ir acompañada de un potente plan de inversiones sostenibles en la zona que impulse el cambio de modelo de conservación y productivo. Entre ellas se podrían incluir inversiones de adaptación urbanística de las villas para la actividad turística y de servicios, la investigación en economía y biología de la conservación, la formación de los jóvenes en esa nueva ciencia, las ayudas a nuevas empresas verdes, a la conectividad y al teletrabajo, el apoyo a la actividad ganadera y agroalimentaria ecológica y de calidad, la conversión en hoteles, restaurantes y casas rurales de los edificios de interés en mal estado, la conservación de los antiguos caminos y elementos etnográficos o monumentales, el cierre definitivo de la carretera del puerto del Connio, entre otras, y de todas las pistas forestales, o mineras, al tráfico motorizado no ganadero, etc. Y desde luego abandonar el absurdo proyecto de vía rápida o autovía entre La Espina y Ponferrada, destinando sus hipotéticos fondos a las medidas antes señaladas.

Parece ser que este territorio ya había sido señalado como posible espacio nacional protegido por Bellmunt y Canella a finales del siglo XIX, en su obra Asturias, cuando se planteaba la primera red de parques nacionales de España a semejanza de la estadounidense iniciada con Yellowstone en 1872. Como descendiente de cangueses y amante de esa tierra montañosa, boscosa y fronteriza espero que en 2018, más de un siglo después, ese visionario proyecto sustituya a la minería del carbón y se convierta en su nueva forma de vida.

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