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al trasluz

Gane o pierda

 

eduardo aguirre
17/03/2017

Creo haber contado la primera vez que estuve con Antonio Silván, cuando él aún no era político sino un abogado que asesoraba al pequeño comercio. Al verle tan buen mozo, trajeado y sonriente me dije: «Tiene cara de haber nacido sabiendo ya tocar el violín». Esto del solfeo por ciencia infusa siempre lo pienso de quienes tienen cara de haber sido buena gente desde niños, y quien me argumente que de pequeños todos lo somos es que no estudió primaria con Lorencín Cascales. Pero ser adulto de natural sonriente conlleva, además de gesto innato, una visión no pesimista de la naturaleza humana, sentir que tu cordialidad no te hace más débil, creer no eres lobo para los otros hombres, ni ellos lo son para ti. Y no lo confundamos con el «dientes, dientes». No se puede fingir, ni forzar. En lo personal, Silván es un político afable, pero sin populismos. Serio, pero no adusto. Lidera sin atemorizar. Consigue hacerse querer, y esto hoy es mucho más que un mérito, dado el escepticismo imperante hacia todos los partidos. Hay políticos que sus ascensos son solo escalafón. Otros además tratan de que los mismos repercutan en la ciudadanía, les haya votado o no. Quizá esto último sea lo más difícil de conseguir, pues conlleva combinar valores personales y profesionales. Silván los tiene.

Ahora bien, nadie resulta apropiado para un cargo sólo por ser paisano. Los méritos de nuestro alcalde serían los mismos de haber nacido en cualquiera de las otras ocho provincias, incluso en León de Guanajuato. Por supuesto, no es un caso único, ni en su partido ni en los otros. Pero tampoco abundan los silvanes. La derecha humanista no puede marcarse como cualquier otra directriz del partido. Hay que llevarla dentro. Y él la lleva.

En España ahora tenemos una fauna variopinta de separatistas, corruptos con o sin juicio, asalta capillas, reaccionarios con autobús... Nuestra convivencia tiene puntos débiles, antiguos y nuevos. Por supuesto, en todos los partidos encontramos buenos, feos y malos. Pero la democracia no es una botica, donde tenga que haber de todo. La tarea de contar con los primeros, peinar mejor a los segundos y prescindir de los terceros corresponde al líder. Y Antonio Silván lo es. Gane o pierda.

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