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LA GAVETA

Gil y Carrera

 

CÉSAR GAVELA
31/08/2014

Conozco a Valentín Carrera desde los años sesenta, cuando éramos dos chavales que jugaban en el parque de la MSP, que hoy es un lugar limpio y despejado y entonces una selva llena de misterios. También de unos hombrones que se bajaban en los cercanos andenes del tren de Villablino y que luego recorrían los setos de boj para desembocar en el verde mundo que había detrás del economato, justo donde hoy está el edificio Minero.

Allí jugábamos a veces, y eso que yo soy cinco años mayor, distancia considerable para esa edad. Aún así, creo que ya mirábamos con parecida curiosidad el panorama y que sentíamos la misma extrañeza al ver las mimosas con sus flores amarillas, al ver a los mulos que se ataban a las argollas de una pared curva que daba a la avenida de Valdés, y al pisar la grava aristocrática de aquel entorno, que entonces era el final de la Puebla: su isla blanca y con flores.

Se notaba mucho en todo la mano del omnipresente Belga, aquel ingeniero implacable que regía la empresa minera y siderúrgica, entonces todo un mundo de casas y trenes, de centrales térmicas y de montañas de carbón. Desde aquel tiempo tan lejano he compartido con Valentín barrio, ilusiones y risas, y también distancias porque vivimos a mil kilómetros desde hace mucho. No por ello hemos dejado de tratarnos y de pasarlo muy bien en cenas, noches y lugares diversos.

Valentín es una fuente de iniciativas. Ha emprendido muchas y las ha sacado adelante con originalidad y talento. Desde viajar al polo norte, hasta embarcarse un mes en un pesquero gallego y dar el fruto de una excelente novela que fue premio Blanco-Amor de literatura. Desde ser profesor en la universidad compostelana hasta dirigir una empresa audiovisual que rodó infinidad de programas. Valentín es escritor, editor, promotor, mil cosas más. Baste decir que una vez nos llevó a un grupo de narradores bercianos en globo. Por el cielo azul de nuestra querida comarca.

Ahora se ha empeñado en un proyecto que no solo debía de ser suyo, sino también de las instituciones. Un empeño imprescindible e histórico: editar toda la obra del gran escritor berciano Enrique Gil y Carrasco, un autor mucho más importante de lo que se suele creer. Y que no solo dejó su impronta en su famosa novela El señor de Bembibre, sino en infinidad de textos, poemas y artículos. También dejó un emotivo recuerdo su vida honesta, tímida, romántica y breve.

Gil y Carrasco es el escritor más importante de esta provincia en el siglo XIX, y el más ilustre autor de novela histórica de España. El próximo año se cumplirán 200 de su nacimiento y todo el Bierzo debería honrarlo como se merece. Enrique Gil es nuestro más querido escritor y esos tomos en los que Valentín ha dispuesto su obra, tan pulcra y fielmente editados, no deberían faltar en la casa de ningún leonés con sensibilidad por la literatura.

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