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Gran Bretaña y el continente

 

EL MIRADOR Enrique Vázquez
20/01/2017

Es un lugar común repetir que la sociedad británica es muy sólida en sus hábitos y tiene una memoria histórica alimentada a fondo por los estímulos culturales del «Inglaterra me ha hecho así» del inolvidable Graham Greene. Y ello explica también la perennidad de su régimen político monárquico, sinceramente sentido y defendido por el público. Tras el triunfo del brexit se abrió una reflexión sobre cómo ejecutar la salida desde los procedimientos adheridos a las normas de la diplomacia pública: moderación formal, plazos adecuados, ausencia de polémica pública y exclusión de toda dimensión estrictamente nacional-patriótica. Pero se vio llegar el cambio hacia lo expeditivo lentamente, en un correlato con las tomas de posición de Donald Trump, quien recibió al líder del movimiento secesionista, Nigel Farage, elogió el no de los británicos y prometió un goloso Acuerdo Comercial Preferente con Gran Bretaña, una cruda intromisión en el litigio con la UE. En este rumbo de nacionalismo y britanismo a toda máquina hasta los laboristas han reconsiderado su criterio y su líder, Jeremy Corbyn, con un lenguaje aún discreto se pasa poco a poco al bando de los britanistas y se une al humor mayoritario, el que puede dar réditos electorales a corto plazo, algo prometedor vista la decadencia de los socialistas británicos. Solo faltaba, en este contexto, el mensaje de la señora May, de un tono expeditivo, desenvuelto... para hacer saber lo esencial: renuncia al mercado único y apuesta ya oficialmente por un brexit discutido, peleado y políticamente divisivo. Todo le importa poco con tal de mantener el control estricto de la inmigración... La salida pactada, una posibilidad al fin y al cabo, al alcance de cualquier socio cuando entra, deja paso a una tensa negociación de resonancias político-históricas no muy apacibles. ¿Qué papel ha jugado el triunfo del ultra Trump en el proceso de toma de decisiones? Sería aventurado decir que ha sido del todo decisivo, pero es seguro que ha pesado a fondo. Si un Obama, o similares, hubieran seguido en la Casa Blanca, tal vez las cosas serían distintas en Londres. Theresa May ha dado el paso, se ha quitado el velo, ha sido sincera, Inglaterra no es Europa, la del Continente y quiere ser ella, la de siempre. Está en su derecho, pero también corre riesgos. El primero es que se priva de argumentos frente a Escocia... que podría convocar un nuevo referéndum de secesión y ganarlo... para, tal vez, entrar en una UE que así tendría un honorable y sincero socio más. Trump pesa, y mucho, y su guiño oportunista ha pesado mucho, pero está por ver si Londres atina haciendo lo que hace.