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NUBES Y CLAROS

Gran lazo de mierda

 

MARÍA J. MUÑIZ
10/02/2018

Nada nos hace envejecer más que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos. La reflexión del científico alemán bien puede aplicarse a esta provincia cada vez más apocada y artrítica, no por exceso de personas mayores, que lo tiene; sino por falta de empuje y convicción real de quienes deberíamos sacudirnos las telarañas, vigilar desde la crítica constructiva el sistema de solidaridad nacional y aportar a quienes llevan décadas pergeñando cómo resolver el imposible equilibrio de menos ingresos y más gasto. Remangarnos para levantar, o cavar si es el caso, un futuro menos plañidero y más esperanzador. Reivindicativos, luchadores y solidarios. ¿Lo somos?

Lamentablemente creo que, salvo oxigenadoras excepciones, no. Vivimos acogotados en una maraña de organizaciones públicas y privadas (o público-privadas, que ahora tanto se lleva para disolver financiaciones y responsabilidades) mucho más preocupadas por sus conflictos y promociones internas que por los fines comunes que aseguran defender. Atados en un enredo de asociacionismos que dividen más que unen, lo que inhabilita cualquier avance.

Amordazados en sus estructuras quienes deberían gritar en todo foro las verdades y las vergüenzas que nos asfixian; apesebrados y cautivos de fuerzas centrípetas que no acaban de denunciar quienes nacieron para romper cadenas. Adocenados todos los que contemplamos el paisaje y el paisanaje y tampoco tenemos los arrestos o las herramientas para tirar del freno de emergencia. Hacer borrón y cuenta nueva es imposible en un solo paso, pero la alternativa está en las coplas: camarón que se duerme...

Los pensionistas llevan tiempo levantando la voz. Se toman como un insulto las subidas del 0,25% anual de las fórmulas de cálculo malabarísticas del Gobierno y sus propuestas para no cargar con la responsabilidad de una hucha hace tiempo esquilmada. Sin entrar en comparaciones con la evolución del poder adquisitivo de los trabajadores en activo; aún ignorando la evidencia de que entre las pensiones hay mínimos y máximos tan distantes como entre un ordenanza y un director general, que no pueden ser tratados bajo ningún concepto por igual en la campaña reivindicativa que los mayores reactivan ahora, está claro que a la vejez más larga y su calidad de vida hay que darle una solución. Hasta ahora las no propuestas planteadas merecen el color del lazo que han elegido los pensionistas para su demanda. Un color mierda que, puesto que a todos afecta, urge reflexionar.

   
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