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CUARTO CRECIENTE

El Gran Padre Americano

 

CARLOS FIDALGO
26/01/2017

Los indios sioux de Dakota se están, literalmente, removiendo en sus tumbas. El Gran Padre Blanco les quiere pasar otra vez por encima.

Ciento cincuenta años después de su derrota a manos de la caballería de los Estados Unidos—la victoria de Toro Sentado y Caballo Loco sobre el general Custer en Little Big Horn fue sólo un espejismo en los libros de historia— los primeros habitantes de las Grandes Llanuras, reducidos al espacio limitado de sus reservas, condenados a asimilar la cultura y el modo de vida de los blancos si querían prosperar, abocados al fracaso escolar, al desempleo, a la pobreza, a la vida en una casa prefabricada, a los elevados índices de depresión y al alcoholismo porque a la hora de la verdad su piel les dejaba menos oportunidades, incluso en la tierra de la libertad, han visto como el nuevo inquilino del Despacho Oval, un rostro pálido y rubio, que alimenta la xenofobia más rancia cada vez que abre la boca, no está dispuesto a respetar ni siquiera a los muertos. Ese hombre es Donald Trump, cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos, descendiente de inmigrantes alemanes y escoceses —su madre trabajó como empleada doméstica en Nueva York antes de casarse— y votado, eso es lo más preocupante, por sesenta millones de norteamericanos que se sienten amenazados por las minorías y que, ahí está la clave de todo, sufren la misma falta de oportunidades que lastra a los estratos peor preparados del crisol de razas que ha hecho grande a América.

Ese millonario chabacano dirige ahora los destinos del estado más poderoso del mundo. Y entre todas las barbaridades que ha prometido, acaba de resucitar un proyecto paralizado su antecesor, el primer Gran Padre Negro de la nación, para construir un oleoducto sobre el suelo sagrado de la reserva de Standing Rock.

Es un hombre que quiere hacer a América grande de nuevo. Y cada decreto que firma la vuelve más pequeña. Más mediocre. Después del oleoducto que ha puesto en pie de guerra a los sioux llegará el gran muro con México. «Los muros funcionan», ha dicho el Gran Padre Gringo, como si la relación de Israel con los palestinos fuera un ejemplo. Ojalá todos los fantasmas que está despertando le visiten en sus pesadillas.

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