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AL TRASLUZ

Hablando de columnismo

 

EDUARDO AGUIRRE
11/07/2017

Un vecino me espeta en el portal: «¿Con quién te vas a meter hoy, Aguirre?». Pongo cara de perplejidad. Meterse con alguien lo hace cualquiera, basta con haber escuchado la radio mientras te afeitabas. No necesita inspiración. Hay columnistas, de prensa o radiofónicos, que entre un insulto merecido y otro por merecer zarandean a su víctima con un golpe bajo, lo que resta credibilidad al análisis. No. Entre puyazo y mandoble, hay que reconocer algún mérito, en caso contrario la columna pierde eficacia crítica. Puedes meterte con Puigdemont y sus genuflexiones ante el clan del mangoneo separatista, con su victimismo irresponsable... ahora bien, llamarle además feo ya es inquina. Lo mejor es dar a tus opiniones un toque de flema inglesa. A Paquirrín le puedes llamar esto y lo otro, pero si además añades también aquello y lo de más allá, entonces, el lector barrunta que le fustigas porque le tienes envidia. Y es que esto no consiste en opinar y ya está. Ha de hacerse con criterio, sea cuál sea el registro en el que escribes. Tu estilo ha de llevar también dentro anhelo de conducta. Aun así, la columna es la tapa de la noticia. Mejor calidad que cantidad.

Estoy leyendo y disfrutando Disculpe que insista, la antología de Fernando Rey, consejero de Educación y catedrático de Derecho Constitucional. Me parece una muestra del mejor columnismo que se hace en esta Comunidad. La difícil ingeniería de la facilidad. Publicadas en El Norte de Castilla llevan dentro dicha flema inglesa, aunque él sea leonés. No atiza a las personas, sino a los hechos. Ha pasado de escribirlas a protagonizarlas. Por cierto, se ha apuntado a un curso de verano de la Universidad de León, sobre ‘Don Juan y otros crápulas’, que dirige Matas Caballero. Ay, los de letras.

¿Qué con quién me voy a meter hoy, amable vecino? Ya con nadie, pero en la del viernes Puigdemont se llevará por partida doble lo que le corresponde. A Paquirrín le dejaré que disfrute de su eterno veraneo, no vaya el lector a llamarme envidioso. Al hijo de la tonadillera habría que haberle invitado al curso, lo que ya no sé si de alumno o de afamado especialista. No me negará, don Fernando, que esto bien se merece una columna. Incluso, dos.

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