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Homenaje socialista

 

J. F. Pérez ChenchoJ. F. Pérez Chencho 07/03/2003

Murió hace diez años. Y fue corregidor socialista de León, el primero -y único- desde la instauración democrática. Se cumple este mes el 55º aniversario de su nacimiento y el 10º de su muerte. Era Gregorio Pérez de Lera, un gordonés de Santa Lucía, licenciado en Filosofía y Letras, socialista de profundidades y de silencios, con cejas tan pobladas como las de García Lomas, como las de Brezfnev o las de Martín Ferrand, y bigote y patillas a lo llanero solitario. En la tarde noche de ayer su luz resplandeció en el salón de actos del Ayuntamiento, donde la familia socialista leonesa le tributó, con retraso, un homenaje póstumo. No sólo por su condición de primer alcalde socialista tras la dictadura, sino por la herencia transmitida. La de un pensador, tan imprescindible y tan ausente en la política actual. Goyo Pérez de Lera fue elegido alcalde de León en 1979. Fue corto su mandato -apenas medio año- pero se le recuerda por su honorabilidad, su discurso de investidura (en el que recogió la antorcha municipal de Miguel Castaño, su predecesor socialista en el cargo, fusilado 43 años antes en la campa de Puente Castro, cuando los hijos de la ira transformaron la ciudad en sepulcros de sombras) y por su talante. Pérez de Lera asumió los ejemplos de Miguel Castaño para proyectarlos al futuro. A un futuro de paz, respeto, convivencia y progreso. Estaba a punto de inaugurar su primera obra cuando perdió el terciopelo de la alcaldía. Hubo que repetir las votaciones en cuatro mesas electorales, y aunque su lista creció aún más, la grapa de la Ley D"Hont no pudo fijar a un edil del PCE. La izquierda quedó en minoría y Juan Morano, candidato de la UCD, sumó las adhesiones de AP y recibió la vara de corregidor. El relevo se produjo sin una voz más alta que otra de Goyo Pérez de Lera, ejemplo de respeto a las instituciones. Ni siquiera consta una línea en las hemerotecas para autoproclamarse padre de la construcción de las piscinas municipales en Sáez de Miera, inauguradas por Juan Morano a los pocos días, con chapuzón y fotos a cuatro columnas en los periódicos. Pérez de Lera volvió a encabezar la candidatura socialista en el 83, y obtuvo escaño en la primera legislatura autonómica. Y cuatro años después se fue de la política como llegó: sin una palabra más alta que otra. Volvió a ejercer de pensador impartiendo clases de filosofía en bachillerato. Entró en la mejor tradición socialista, sellada por figuras como Unamuno o María Zambrano. El PSOE leonés estaba en deuda con Pérez de Lera. Ayer la saldó. Porque la obra de Pérez de Lera no acabó con su viaje hacia la nada. Sigue viva a través de la familia, afiliada al partido. Su hijo, con 18 años ya cumplidos, recibió ayer el carné de militante de manos del secretario general provincial. Y el actual candidato a alcalde, Francisco Fernández, asumió los ejemplos del pasado, en las figuras de Miguel Castaño y de Gregorio Pérez de Lera, para como éste en su discurso del 79, mirar al futuro.





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