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SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Los iconoclastas de la Navidad

 

28/12/2017

En esta sociedad nuestra donde todo lo diluimos por no desentonar del ambiente anodino e indefinido que nos rodea, ni siquiera la Navidad se libra de tal moda. Digo esto porque a veces creo que no estamos muy convencidos de lo que hacemos, o al menos no nos comprometemos como debiéramos con nuestras acciones.

Ejemplo práctico de ello son las felicitaciones de Navidad que se han hecho un lugar en esta época tan especial y que me atrevería de calificar como «laicas» o «secularizadas». A veces cuando se recibe una de estas tarjetas, enviadas con el mayor de los cariños por su emisario, no sabe uno si le están felicitando la Navidad o se trata de un recibo de la luz encriptado y decorado para la ocasión. Se valora la intención, por supuesto, pues ya hay que ser retorcido para no tener buenos deseos para con los demás en Navidades. Yo creo que hasta al diablo le entra nostalgia en estas fechas, porque el mal produce una gran soledad.

Bueno, sigamos con las tarjetas. Son algo más que un trocito de papel o un email que surge del corazón, son una manifestación más de lo que realmente celebramos en la Navidad que el la Natividad, el nacimiento de Jesús. No se celebra otra cosa, así de simple. Por ello, me cuesta entender esta moda de las tarjetas laicas. Si celebráramos otra cosa pues estaría bien que las tradicionales tarjetas se adaptaran a lo que se celebrara. Por ejemplo; las dos semanas de las compras compulsivas, que también lo hacemos en estas fechas, sería adecuado que nos felicitáramos con tarjetas representando billetes de euros. No es el caso, la Navidad ha marcado el tiempo del hombre occidental durante miles de años, es inmanente a nosotros, por eso nos deseamos feliz navidad, porque la llevamos dentro, porque queremos ser mejores y porque queremos lo mejor para los nuestros.

Valores como familia, amistad, generosidad e incluso perdón se hacen más presentes entre nosotros que en otras épocas del año. Hasta los presos salen de las prisiones con permisos especiales, algo querrá decir… No debemos resignarnos a enviar tarjetas cuyo contenido no pase más allá de un mero acto de cortesía, el valor de ellas radica precisamente en la intensidad del deseo comunicado. Por ello, regalar tarjetas con los motivos tradicionales, los de toda la vida, el portal, los reyes, ayuda a entender mejor el mensaje de amor y fraternidad propios de la Navidad. Si a alguien no convenzo, sólo le ruego que entienda que quien escribe añora su infancia cuando recibía una felicitación el día de reyes y los juguetes propios, que esto último, no lo negaré, ayudaba a valorar más la tarjeta.

También pediría a quienes no comparten mis ideas que se esfuercen por enviar un mensaje claro en las tarjetas raras citadas para evitar sustos innecesarios y alguno salga corriendo a pagar el recibo de la luz por temor a que se la corten por impago. En todo caso, los unos y los otros, enviémonos tarjetas de Navidad, que no decaiga una de las tradiciones más bonitas y que más ha hecho por la humanidad. Porque de eso se trata, de ser más humanos, mejores para con los demás y para con nosotros mismos como nos enseño aquel cuyo nacimiento celebramos.

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