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TRIBUNA

El incendio de La Cabrera y la culpabilidad

Olimpio M. Pérez Castro / Ingeniero
13/09/2017

 

1.- La intencionalidad.- El gran incendio de La Cabrera ha sido provocado al atardecer. Con un verano exento de lluvias, reseco, el autor criminal pretendía que alcanzara una gran dimensión durante la noche para que fuera difícil de sofocar y que exigiera muchos y costosos medios. Así, se ha propagado kilómetros en todas direcciones. Fue preciso desalojar a las poblaciones y han quemado la sierra entera, impidiéndose solo al final que se extendiera a Zamora.

El daño económico por pérdida de pinares y robledales es brutal. La riqueza ganadera y cinegética queda anulada por muchos años. El daño ecológico fue aterrador: las cerca de 20.000 hectáreas quemadas quedaron exentas de vida, incluyendo los ríos. Y lo peor: el daño edafológico por arrastres y pérdida de suelos es irrecuperable a escala humana.

2.- La víctima del crimen.- La Cabrera es una comarca excepcional que aglutina altitud, clima extremo y precipitaciones abundantes. Esta sierra albergaba una riqueza ecológica envidiable: desde la fluvial hasta las sanas poblaciones de grandes ungulados y sus depredadores. Eran abundantes ciervos, corzos y jabalíes y también lobos. El oso había aparecido ocasionalmente.

El ecosistema vegetal propio consiste en laderas de brezal y bosques caducifolios de ribera, junto con alguna mata de roble y valiosas masas de encinar. También hay praderas naturales. Artificialmente se ha implantado pinar. Estas costosas repoblaciones, de nula productividad, se han convertido en polvorines.

3.- Circunstancias que lo han permitido.- Toda la población de la comarca esta enfurecida. Sostienen que el incendio alcanzó tal magnitud por negligencias de la Administración. En La Cabrera se ha controlado tradicionalmente el brezal, altamente combustible, con quemas aisladas: fuegos provocados y controlados en enero y febrero, con el suelo congelado, que sólo afectan a la parte aérea del brezo, reseco por las heladas. No afectan al mantillo ni a la tierra vegetal y se extinguen solos, durante la noche. Actúan como una siega, permitiendo que en la primavera inmediata rebrote vigorosamente, siendo fuente de alimento fresca para los herbívoros y para muchas aves, beneficiando a todo el ecosistema.

Estas quemas son ahora consideradas ilegales, sujetas a sanciones. Es un nefasto error. «Lo quemado en invierno protege del fuego del verano», así me lo han repetido mil veces ancianos pastores de La Cabrera. Y también: «Ahora prohíben quemar. No saben lo que hacen».

Ante cualquier fuego, el disponer de zonas con vegetación joven, poco inflamable, entreveradas con manchas de vegetación más madura, significa una protección contra los incendios y evita su expansión. Es un sistema de control y una buena técnica de cultivo del medio. Su prohibición fomenta los grandes incendios, se sostiene en toda la comarca.

4.- El gasto en prevención y en extinción.- El pavoroso espectáculo de una sierra devorada por un incendio que se expande en varias direcciones, con múltiples frentes, causando tal catástrofe, ha sido una clase magistral. ¿Qué se ha visto? Una costosa red de cortafuegos, recién limpia, traspasada limpiamente, que sugiere derroche. La asistencia de innúmeras brigadas, personal técnico, camiones motobombas, bulldozers, y demás medios, viendo como avanzaba kilómetros un fuego con el viento en contra, implicando ineficacia. Un enorme despliegue de carísimos medios aéreos, que han contemplado como se calcinaban incluso los pinares de Truchillas, aterrazados y plantados a mano, recién podados. Los vecinos, indignados, se preguntan: ¿a cómo saldrá la hora de un helicóptero o de un hidroavión? Afirman, pesimistas, que esto es sólo un espectáculo, un negocio.

5.- La enseñanza del incendio.- Además de lo dicho, incluyo más reflexiones de las enfadadas gentes de La Cabrera. Se preguntan: ¿Cómo un fuego iniciado en Encinedo pudo llegar a Truchillas, a kilómetros de distancia, con el viento en contra? ¿Cómo es que le dejaron transponer el Alto del Carbajal y toda la cuerda de colinas, que dispone de un amplio cortafuegos de casi 20 metros de ancho, y más con el viento contrario al fuego? ¿Cómo es que pudo atravesar el valle de Iruela en dos frentes, sabiendo que está todo él intensamente pastoreado y desbrozado a mata rasa o en gruesas fajas, que su vegetación es raquítica y que el viento soplaba en contra? ¿Cómo es que permitieron luego que rebasara la Portilla de Iruela y toda la cuerda del Cabezo, sabiendo que por esa cumbre discurre un amplísimo cortafuegos recién limpio hasta el límite con Zamora, con una pista forestal paralela? ¿Cómo se explica que traspasara esa barrera, llegando a ella por una vegetación de brezo bajo, con el viento en contra, teniendo los valiosos pinares de Truchillas al otro lado? Irritan a todo el mundo esas negligencias. Los más decididos hablan de pasividad intencionada. Piden investigaciones y reclaman castigos y justicia.

6.- El futuro negro y la culpabilidad.- El día 24 de agosto, con la primera tormenta, el lodo de ceniza atravesaba la carretera de la Diputación por todos lados. El río bajaba con una crecida espantosa, turbulenta y venenosa, como de chapapote. Esa crema negra de carbón arrastraba la valiosa vegetación de la sierra y toda su riqueza ecológica, cinegética y ganadera. Significaba la muerte total de ese río que nace y discurre por el municipio de Truchas, de elocuente nombre. No quedará rastro de vida en él, ni en los ríos en que vierta.

En La Cabrera sólo se puede hablar de futuro a medio y largo plazo. Las envejecidas poblaciones de la comarca no verán nunca más su tierra como era. Después de haber vivido allí en duras condiciones, de soportar una postguerra cruel, se morirán con la tristeza de ver su tierra arrasada. Para el futuro resta combatir la ignorancia y la arbitrariedad. Se han de considerar y aplicar las técnicas tradicionales de la comarca, especialmente las quemas invernales. También, evitar las repoblaciones de pinar, absurdas en estas altitudes. Todo aprovechamiento ha de ser viable y sostenible.

Y, finalmente, se ha de combatir y transformar el sector del negocio de los incendios, que factura a costa de la existencia de fuegos intencionados. Es responsabilidad de la Administración. Su interés ha de ser que no existan incendios planificados. Es obligación primera de un gobierno cuidar el medio natural y legarlo a las próximas generaciones en buenas condiciones. De lo contrario, será su culpa y se cubrirán de infamia, de indignidad y de deshonra.

 

2 Comentarios
02

Por Armedin 14:22 - 14.09.2017

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Lo mejor que ha publicado el Diario sobre el incendio de La Cabrera, un artículo con análisis de hechos que demuestra conocimiento del tema y de aquella zona. Enhorabuena al autor y aquí van algunas preguntas que nos hacemos al leerlo: ¿Por qué cree que se provocó el incendio? ¿Tienen en la Junta personal capaz de sacar lecciones del caso y aplicar medidas de prevención? ¿Qué formación tienen los técnicos que prohíben los fuegos invernales y otros usos tradicionales que protegen contra incendios?

01

Por Max.Andeón 11:59 - 13.09.2017

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Una docta presentación de la La Cabrera, sus montes…su vida. Tras la premisa inicial acusatoria de un intencionalidad pirómana interesada, llega a un punto 6, totalmente demoledor, con sus preguntas acusación de unos hechos, de una intolerable actuación o mejor inacción, que deja bien a las claras en qué manos comunitarias estamos…

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