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cuerpo a tierra

La intervención de Hacienda

 

antonio manilla
07/02/2018

Mantengo la hipótesis de que en política, la res pública, al final de todo siempre hay algo más, que el camino no termina donde se acaba el sendero y más allá siempre existe otra cosa, a veces lo más importante. Esta suposición mía me convierte en algo conspiranoico y cínico, en alguien que duda de casi todo y la mayoría de las veces le ve tres pies al gato: uno que malicia como primer reflejo y que considera que lo único que es «sin porqué» es la belleza que Ángelus Silesius anudó al símbolo de la rosa, devolviendo la pureza a la flor que precisamente más semántica y aparejos conlleva, una de esas ocurrencias de los poetas.

Los políticos, que tan a menudo repiten como un mantra la importancia que tienen los tiempos en sus quehaceres, a veces se queman la yema de los dedos en el manejo de ese material inflamable. Apuran demasiado la cerilla que está ardiendo. Otra razón —que no sea motivo de severa reprobación o de escrito al juzgado de guardia— no se me ocurre para el ocultamiento durante dos meses por parte de los gestores del Ayuntamiento del requerimiento de Hacienda sobre los presupuestos municipales. Desde 2012, hay que cumplir con las exigencias legales de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera. Si no se logra, se debe aprobar un plan para alcanzar esos objetivos. En caso de tampoco cumplirlo, o no enviarlo, el ministerio debe examinar el siguiente presupuesto anual antes de ser aprobado. Este es nuestro caso. ¿Pensaban que no iba a saberse? ¿Contaban con el capote que les echara el presidente Rajoy, primo del concejal de Hacienda, en su visita del día antes para continuar manteniendo el secreto? Que la sustancia antideslizante que han aplicado al pavimento del entorno catedralicio deje unos manchurrones puede pasar por un error subsanable, pero este escamoteo es una deslealtad al ciudadano que no debería quedar en aguas de borrajas.

El «algo más» del Ayuntamiento de León es que su problema es de fondo. Viene de atrás. Excesos y errores del pasado engordaron la deuda y aún la inflan, atando a la corporación al engorro de pasar por la ratificación del fisco al menos hasta 2020. Otros concejos de la provincia han estado intervenidos o en un tris de estarlo, como Villablino o San Andrés del Rabanedo, pero actuaron en todo momento con rectitud. ¿Es mucho pedir?

   
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