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MARINERO DE RÍO

Knock Out

 

EMILIO GANCEDO
11/06/2018

El que parpadeó se lo perdió. Quien haya estado ocupado estos días bajando en canoa el Orinoco, o coronando un ochomil sin oxígeno y sin móvil, o encerrado en un monasterio preparando la recta final de las oposiciones a notario no habrá dado crédito al volver y encender la televisión. Knock Out. Noqueado. Puede que hasta se dé un par de tortas para asegurarse de que no está soñando. Y el que haya superado un pequeño coma creerá que ha estado un lustro ocupando cama en el hospital.

Parece increíble que todo esto sucediese en apenas una semana. Hemos de mirar la imagen del nuevo gobierno varias veces antes de darla por real. Y sí, al final concluimos que con este equipo de ministros bien podríamos salir de fiesta, y hasta agarrar un buen pedo. Alguno de ellos incluso nos sujetaría la cabeza sobre el váter a la hora de vomitar. Los anteriores, comparados con estas sonrisas, y estos verdores, y esta femineidad, y esa mirada de fucker de Pedro sobrevolándolo todo, semejan un grupo de sepultureros salidos de un relato de Allan Poe. En este momento, si hago el esfuerzo de recordarlos, los imagino vestidos de levita.

Así es este país. Uno se acuesta conservador y se levanta socialista, uno se duerme más o menos español y se despierta en un principado levantisco, como en esas resacas infernales en que debemos hacer un esfuerzo muy serio por recordar quiénes somos y qué demonios pasó anoche. Es preciso tener cuidado y no embobarse porque uno se puede perder el capítulo clave de la serie, el punto de giro prodigioso. Hay quien deplora el nivel de nuestra ficción audiovisual en comparación con la de otros países, pero a mí me parece de lo más normal: ¿Para qué queremos guionistas, actores, productores, maquilladores, si la actualidad no deja de fabricar, por sí sola, tramas dignas del maestro Aaron Sorkin?

El caso es que una especie de cosquilleo en las partes blandas políticas, una ilusión que hacía tiempo estaba ausente, recorre el país, y eso no parece mala cosa. Pero el listón está alto para este flamante equipo con olor a Agua de Rosas, se está metiendo en un Apolo XIII apedreado de retos laborales, sociales y territoriales, y sólo esperamos que no tengan que decir un día, alarmados y confusos: «Torrejón, tenemos un problema».

   
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