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FRANCAMENTE

Tras el Lambrión

 

JUAN CARLOS FRANCO
14/04/2017

El Lambrión hizo sonar su campana y todos, como si de una etapa reina de los tours de Indurain se tratase, se han puesto en fila. Han desempolvado sus capirotes, almidonado sus túnicas, echado un nudo más a la soga que, durante unos días, sustituirá al cordón de oro y el osito de Tous colgado del cuello—para según quién, eso sí que es una penitencia—. Las procesiones se suceden y las limonadas caen —en mi caso, he de confesar que no al mismo ritmo—, y nos encontramos con que hemos pasado ya el ecuador de la Semana de Pasión —término que, dicho sea de paso, alguien, con mucho atino, debió decidir emplear en su día para describir la presencia de menores en casa libres de ataduras escolares— . Si a estas alturas de celebración hay algo que ha quedado claro es que , por el momento,—a mi modesto entender mas como motivo de resignación que de alegría—, podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos que seguimos siendo la reserva (india) de nuestras tradiciones castellanas. La marcialidad se impone en nuestras procesiones, hasta el punto de que más de uno de nuestros munícipes pareciera estar reviviendo sus desfiles con el cetme al hombro. La sequedad de las provincias de interior que se nos pedía desde nuestro obispado vecino de Salamanca: continuar siendo zona libre de esas intoxicaciones folklóricas que tanto se estilan por otros puntos de la geografía patria. Confirmar pues, que la amenaza del sur —por favor no confundir con la sultana socialista: su visita relámpago al Bierzo todavía no ha hecho que calen en la zona ciertas costumbres—, por el momento aguarda extramuros. Allí espera, como los otros componentes de ese ‘eje del mal’ que nos amenazan, y en el que figuran avispillas, avispones y demás elementos que planifican una invasión pausada que amenaza nuestra ya mísera existencia. Pero ya advierto, si ante alguna hay que rendirse que sea ante esa conquista sureña. Aguardo pues impaciente, y a la espera de la entrada victoriosa de los rebujitos, me voy rindiendo ante las torrijas, que uno ya hizo suficiente penitencia con latas de escabeche siendo joven.

Y para recordar la sobriedad de nuestras procesiones siempre tendremos a mano el magnífico trabajo que han realizado la Barredo y la Nuri con ‘Tras los pasos del Lambrión’. No podía ser de otra forma, porque, entre otras cosoas, la idea surgió en un bar.