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HOJAS DE CHOPO

Leyendo a Fermín

 

ALFONSO GARCÍA
11/06/2018

No sé si tiempos confusos, posiblemente también, pero estoy seguro de que los actuales son tiempos de desmemorias. Y de olvidos. Difícilmente se pueden trazar los caminos del futuro borrando los de la memoria. Haciéndolos complementarios se facilita el equilibrio y, como consecuencia, se activa con mayores garantías la brújula de la orientación. Personas, hechos y circunstancias pueden, deben convertirse en referencias que nos puedan ayudar a vivir, a entender sobre todo la realidad, lo que sucede, entre tantas claves como necesitamos para situarnos y estar en el mundo. Cada cual a su manera, naturalmente, que todos tenemos cabida en este mundo ancho y ajeno que podemos hacer propio. Compartido mejor.

Viene esta reflexión, o como quieran llamarlo, a cuento por el acto de pervivencia de la memoria de Fermín López Costero, fallecido hace unos meses. Tendrá lugar este viernes, día 15, a las 20.30 horas, en el Monasterio berciano de Carracedo, ese recinto emblemático tan enraizado en la obra del escritor cacabelense. «Leyendo a Fermín López Costero», título bajo el que subyace la idea, reunirá a escritores, amigos, a cuantos deseen participar en la lectura de sus textos, a los que quieran escuchar su palabra, una hermosa fórmula para mantenerlos vivos. Y, sobre todo, acicate para que su magnífica obra siga iluminándonos bajo la generosa mirada de ese hombre bueno que más que nunca, por su carácter de universalidad en consonancia con lo que estamos diciendo, nos recuerda ahora en sus versos: «No permitáis que mi palabra perezca también/ entre tanto desconsuelo». Este encuentro confirma el desencuentro con la desmemoria y honra, sobre todo, a quienes lo hacen posible. Reconforta constatar que su generosidad sirve de aliento en la hermosa aventura del reconocimiento de los méritos ajenos.

Conocí a Fermín hace años, cuando empezaba a dar los primeros pasos en un género del que llegaría a ser maestro, como confirmó Teatro de sombras, un libro muy maduro, intenso y paradigmático. Maestro contador de historias, como testifica su presencia en las más notables antologías. Desde el primer momento me pareció una persona llena de curiosidades e intereses, que fue desgranando en tantos escritos. Nos quedan para la satisfacción de la lectura. Y nos queda la memoria de un hombre que, bajo la sonrisa de lo humilde, hizo bandera de la amistad. Justo reconocimiento. Es más que gratificante saber que sigue entre nosotros.

   
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