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fuera de juego

Llevar la contraria

 

carlos frá
10/10/2017

En España desde hace cierto tiempo hay quien insiste en que urge desmontar el aparato del 78 para encaminarnos sin tanto lastre hacia el precipicio. No nos dicen exactamente qué y cómo mejorar las cosas —más allá de fáciles eslóganes que compraríamos todos— pero ocurre algo parecido a lo del secesionismo, que proclaman su exigencia del derecho a decidir cuando ya lo tienen todo bien decidido.

Cuando se habla de la Transición hay quien fija su final en la superación del 23-F, en la llegada del primer gobierno de izquierdas en 1982, en la entrada de la UE, en el momento en el que se logró la alternancia con normalidad, en... todo un sinfín de episodios imprescindibles al que ahora podríamos sumar el 8 de octubre de 2017. Este domingo, por las calles de Barcelona, personas de lo más variado del paisanaje nacional/estatal salieron a defender su país, sus cuerpos de seguridad y su bandera, algo impensable no hace tanto tiempo. En incontables puntos de España se han producido situaciones equiparables —quizá sin tanta pluralidad— aunque alguno se atreve a dar fe de la transversalidad de este movimiento porque en una de esas concentraciones estaban a la vez su suegra y su cuñada —llegadas por carriles antagónicos en el árbol genealógico y también en lo ideológico—.

En Cataluña el 8-O supuso el entierro del llamado Pacto de Tinell, aquel que hace más de una década abrió la grieta del ‘ellos y nosotros’, y que activó el proceso para crear el famoso Estatut, con el beneplácito de Ferraz, donde hay de nuevo un inquilino que ha negociado con los independentistas para intentar llegar a La Moncloa resucitando aquella infamia tan dañina.

A los cuadros socialistas que enviaron a casa a Pedro Sánchez el 1-O (pero de 2016) los militantes les aplicaron el ‘155’ a golpe de primarias y el partido ha quedado en un quirófano a oscuras en plena operación a corazón abierto. Y con ruido de sables en las batallas por las direcciones provinciales, donde se ofrecen fotos —como la de Alfonso Cendón— al que tras el lío de las catedrales le pusieron un cartel que ya hay quien lo compara con ‘parque jurásico’, lo que en términos políticos del siglo XXI no siempre está claro si eso es bueno o malo, porque las recientes citas con todo tipo de urnas exhiben que eso de llevar la contraria, que tanto gusta por esta tierra, se tiene muy en cuenta al seleccionar la papeleta.

   
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