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LA GAVETA

Lumpen leonesismo

 

césar gavela
09/02/2014

El leonesismo provincial leonés le debe mucho a Juan Morano, un abogado cacereño que fue alcalde de León, que acuñó un discurso victimista y eficaz y que se rodeó de una pintoresca guardia de corps muy leal y activa. Fue un tiempo muy agitado aquel, de mucho sentimentalismo y manipulación. Pero tanto entonces como ahora ese leonesismo era y es un fenómeno exclusivo de la ciudad de León, donde ha ido perdiendo fuerza en cada convocatoria electoral.

No me refiero, pues, a ese otro leonesismo regional, de las tres provincias, que tiene un tono más científico. Menos aún al amor y reconocimiento que sentimos hacia el antiguo reino de León, extraordinaria realidad histórica. Pero ese reino también pertenece a los asturianos, gallegos, zamoranos, salmantinos, extremeños o a los portugueses del norte. No solo a los que viven en las orillas del Bernesga o el Torío.

En el leonesismo siempre ha habido un sector tendente a la radicalización, tanto callejera como «intelectual». El sector «culto» patrocinó hace años desde el ayuntamiento de la capital, donde gobernaba en coalición con el PP, una enciclopedia «lleunesista» cuajada de disparates históricos y con algunos capítulos aún más inquietantes que estrafalarios. El escándalo fue tan grande que el responsable tuvo que dejar su puesto de concejal. A partir de entonces, y como por ensalmo, desaparecieron las ocurrencias del leonesismo y la ciudad volvió a la calma identitaria. En cuanto al resto de la provincia, todo siguió igual porque en las comarcas no hay apenas leonesistas.

La ideología vive ahora tiempos fúnebres. Tal vez por eso, y para agitar el cotarro, diversos y declinantes activistas organizaron el otro día una astracanada en las calles de León, con motivo de la inauguración de unas jornadas sobre literatura de viajes en nuestra comunidad autónoma. Jornadas en las que es parte importante este periódico, que es uno de los más comprometidos con la literatura de toda España.

Y allí, frente a la palabra de los escritores de viajes, saltaron los gritos de los leonesistas, que protestaban porque en ese acto participaba la Fundación Villalar, cuyo ámbito de actividad corresponde a las nueve provincias castellanas y leonesas. Y si así están las cosas, cabe preguntarse: ¿ya solo puede aspirar el leonesismo provincial a esto? ¿Al aullido anticastellano? Pues parece que sí, lo que es tan penoso como risible.

Yo creo que la inmensa mayoría de los leoneses nos sentimos muy leoneses, y que con eso nos basta. No nos hace falta ser, además, leonesistas, aunque cada uno que sea lo que sienta y le parezca. En todo caso el amor a esta tierra solo tiene sentido si, a la vez, convive con la preocupación universalista. Y lo más cercano que tenemos, en esa ruta hacia el resto del planeta, empieza por Castilla. Al margen de que nos guste o no el ente autonómico al que pertenecemos. Pero esa es otra historia.

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