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CUERPO A TIERRA

Martínez Majo

 

antonio manilla
02/09/2015

De ardor proyectista nunca hemos andado escasos. Ni municipal ni provincialmente. La hemeroteca rebosa de promesas incumplidas e ideas nonatas, que se lanzaron al aire a bombo y platillo pero nunca llegaron a ver la luz. Será por ideas. La barra de cualquier bar es un laboratorio insomne capaz de nutrir soluciones hasta para problemas que no existen. Ya conocen la anécdota: en campaña electoral, un candidato anuncia un puente nuevo y, cuando le recuerdan que el pueblo no tiene río, promete un río. Anda que no lo hemos visto aquí veces. Cuando estábamos sin aeropuerto, nos ilusionaron con una escuela de pilotos, cuando conseguimos el aeropuerto, en vez de aviones, nos hablaron de una autopista de drones, que son aviones sin piloto. Nos movemos en el ámbito de lo etéreo con más soltura que el Barón Rojo, héroe de las nubes y señor del viento.

Triste misión, en tiempos de crisis, la de gestionar ilusiones, que es el primer mandamiento del político. Debe tentarse las vestiduras dos veces antes de abrir la boca. Es raro, no obstante, el que lo pone en práctica. Los más listos de la clase se hacen ventrílocuos: dejan que sean sus subordinados los que se desgasten lanzando ocurrencias por la borda del sin ton ni son. Una foto con sonrisa amplia, un apretón de manos y promesa olvidada. Carpetazo al asunto. Por estos pagos somos «cum laude» en posibilismo. Cualquier cosa es posible mientras no se demuestre lo contrario. Justo lo opuesto a la lógica más elemental: quien hace una afirmación es quien debe probarla. En las instituciones, hace falta gente de esta y de la otra: que tenga ideas ilusionantes y sea capaz de llevarlas a término. Imaginativa pero también pragmática. Pedir que fuera programática, y cumpliera lo prometido a la hora de solicitar el voto, seguramente es utópico.

A la cabeza de la Diputación, después de un presidente sin demasiado pulso, está Martínez Majo, un alcalde que tuvo una idea para su pueblo y la hizo realidad con éxito: las superpiscinas de Valencia de Don Juan. Como mínimo, ya viene vacunado contra el posibilismo de titular y con el valor probado de sacar proyectos adelante. Por eso, cuando propone unir cultura y turismo y gastronomía, hay que darle un voto de confianza: seguro que no termina arrastrando el nombre de León por ferias sectoriales sirviendo vino de Valdevimbre en réplicas del cáliz de doña Urraca. Tiene, por ahora, toma a tierra.

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1 Comentario
01

Por ronyss 10:38 - 02.09.2015

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En Valencia de Don Juan hemos tenido la fortuna de contar con dos grandes Alcaldes de distinto color político, pero ambos con capacidad y determinación suficientes para que esta "pequeña Ciudad" sea la envidia y el espejo en el que se miran otras localidades de León y también de fuera. Luego "hemos prestado" a ambos para dirigir la Diputación Provincial. Me refiero, como no, a D. Alberto Pérez Ruiz (q.e.p.d.), y a D. Juan Martínez Majo. Creo que tanto en Coyanza, como en la Provincial, hemos de estar orgullosos de ambos. Yo al menos si lo estoy.

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