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EL BAILE DEL AHORCADO

El más barato, se lo lleva

 

Cristina Fanjul
21/07/2016

Lo llaman el tercer sector y es, a mi modo de ver, la coartada para que la administración no cumpla con su obligación. Se limita a dar subvenciones y se desentiende, con lo que en ocasiones estas ayudas se convierten en una subasta al mejor postor. Quien lo ofrezca más barato, se lo lleva. El tercer sector son las oenegés, asociaciones que cumplen con la función que debería realizar el Gobierno, la Junta, la Diputación, los ayuntamientos... El tercer sector es el que logra que todo esto no haya estallado, es el que se encarga de limpiar nuestra conciencia, el que cuida de que creamos que, después de todo, no somos tan malas personas. Cáritas, Cruz Roja, Save the Children, Acnur... el escudo para no mirarnos en el espejo, para no encontrarnos con nuestra propia indignidad. En León, según los datos de la Junta, hay casi diez mil niños que pasan hambre. Los políticos les meten en un cajón que lleva el membrete ‘emergencia social’. Son lo que emerge, lo que sobresale, lo que flota en la bonanza de primer mundo. Emergencia social. Imagínense. Diez mil menores pasan hambre cada día en una provincia como León. Pongan uno junto a otro hasta llegar a esa cifra. Tendríamos que escandalizarnos, pero no les vemos. Son niños invisibles. Dice el poder que hay que respetar su dignidad... Otra coartada para no mirar de frente a la vergüenza.

Supongo que todos estamos de acuerdo en que la infancia es un bien común y, por lo tanto, debería ser protegida. Sin embargo, los niños en este país no tienen derechos. Ninguno. No tienen derecho a la alimentación, no tienen derecho a vivir en un entorno adecuado ni a ayuda psicológica en el caso de que la necesiten. Además, y para acabar de avergonzarnos, no todos los niños son iguales. Antonio Salvador Jiménez destaca que las administraciones deben dar respuesta a los traumas psicológicos de los menores y defiende que tanto las empresas como el Estado deberían articular planes que detectaran los casos. Pero nada de eso ocurre. ¿Para qué? Con comer, les vale.

Todo eso es responsabilidad del Estado, no de las oenegés o los ciudadanos. Lo que hace la administración con los niños es caridad de la mala, de la peor. Sólo nos falta sacar de nuevo las huchas del Domund para llegar a la cumbre de la indignidad.