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FUEGO AMIGO

Mástil de peregrinos

 

ERNESTO ESCAPA
07/10/2017

En el tramo jacobeo entre San Marcos y La Virgen, la senda arrabalea. Más allá, el nudo de las autopistas pone un lazo de asfalto a la generosa amplitud del antiguo valle de encinas y los pueblos repiten el apellido del Camino, para aplacar dudas al peregrino. Parecido desbarajuste agobia los espacios antaño abiertos de La Virgen, meca de los leoneses en sus buenos tiempos. El afilado mástil del campanario apenas resalta entre bloques de viviendas, pabellones conventuales y tufos del tráfico. La patrona de León, a la que subimos de romería por San Froilán, fue coronada en un acto sin pontífice ni rey, presidido por el cardenal Segura y por el hijo mudo de Alfonso XIII. Aquel santuario ofrecía una imagen contraria a los alardes del nacionalcatolicismo: Sin acabar y con sus pórticos convertidos en cobijo de indigentes.

El templo no se acomodaba a las aspiraciones leonesas para su santuario patronal. Así que empezaron a barajar soluciones. Se propuso el traslado del monasterio de Sandoval y del palacio barroco de Valdetuéjar. En ambos casos, había que recrecer los monumentos, para darles la envergadura que demandaba la arquitectura confesional del momento. Sin problema. Y tampoco de dinero, pues aquel empeño contaba con el respaldo de una pareja de indianos, que no estaban dispuestos a patrocinar un proyecto vulgar ni a fiarse de cualquier promotor.

Por eso, con enfado del obispo Almarcha, impusieron la gestión de los dominicos, quienes se encargaron de despachar al arquitecto diocesano, cuyas propuestas les parecían un remiendo. Los manejos no resultaron gratis. Al obispo lo contentaron con la donación del palacio de Prado para su hospital de Regla y con el traslado de Eslonza para vestir la parroquia de Renueva. El relegado arquitecto Torbado enredó lo suyo, impugnando la demolición del santuario ante Bellas Artes, hasta que recibió una sustanciosa compensación. Los dominicos querían imprimir al santuario una imagen moderna, alejada del pastiche escurialense que les habían endosado en Caleruega Menéndez Pidal y el escultor Lapayese.

La orden acogía entonces a profesionales destacados, como el arquitecto bautizado fray Coello de Portugal. El proyecto de Coello incluía las dependencias colegiales y el santuario, que se adorna con esculturas expresionistas de Subirachs y vidrieras de Rafols Casamada. Lo más llamativo de Subirachs es el apostolado, con los discípulos distribuidos en torno a la Virgen, solos o en parentela. La vidriera simula una red que simboliza la pesca de la evangelización. También son de Subirachs las puertas de bronce. Cierta fama propiciatoria de San Froilán en el bienestar de las parejas, para quien le toque la nariz, ha hecho que le brille la cara de caricias.