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SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Maternidad

 

08/03/2018

Que los seres humanos somos contradictorios es comúnmente conocido. No sé si es bueno o es malo, pero es así y no hay quien lo cambie. Este carácter contradictorio nos da muchos dolores de cabeza en el ámbito personal, así como en nuestras relaciones con los demás. Como vulgarmente se suele afirmar, muchas veces ni nosotros mismos sabemos lo que queremos. Es como si de una infancia permanente se tratara donde los niños quieren una cosa y la contraria a la vez y luego no quieren ninguna para desesperación de sus padres.

Pues lo mismo le ocurre a nuestra sociedad. Una sociedad llena de contradicciones, de indefiniciones que no se pueden explicar desde una posición de razonamiento sosegado. Resulta incomprensible por ejemplo que España tenga una de las más bajas tasas de natalidad del mundo y no exista una política de incentivación seria y solvente.

El envejecimiento de la población española es un drama social. Frente a esta realidad; ¿dónde están las iniciativas de apoyo a la familia que está pasando por una crisis de identidad como nunca sufrió? Se necesitan niños; podría ser el lema de una campaña a nivel nacional.

Las últimas cifras conocidas al respecto son significativas, por cada cuatro hogares españoles en los que hay una mascota, solo hay uno en el que hay niños. De seguir esto así, los únicos españoles del futuro serán perros, gatos y algún que otro periquito. No es muy alentador que digamos.

Todos sabemos que los niños no vienen de París, que tienen una madre. Las madres necesitan y se merecen ser cuidadas, es más, tienen el derecho a serlo. No se puede someter una cuestión tan importante para el futuro de todos a criterios exclusivamente económicos o de rendimiento empresarial.

Si pretendemos que las mujeres apuesten por la maternidad, primero debe hacerlo la sociedad en su conjunto e implementar medidas que sirvan para evitar las distintas formas de discriminación que actualmente sufren las mujeres en el ámbito laboral que les coarta la posibilidad de ser madres.

La maternidad no debe ser un obstáculo para la plena realización profesional de la mujer. Me atrevería a decir que debiera suponer un criterio retributivo para ella, algo a valorar positivamente por su contribución al bien común. Es muy sencillo, o apoyamos la maternidad o no nacen niños y si no nacen niños esto se acaba.

Aquellos que han visto la incorporación de la mujer al mundo laboral como una de las causas de la desestructuración familiar, debieran tener en consideración que quizás ha sido la forma realizar esa integración lo que ha podido incidir negativamente en la familia tradicional. La falta de una conciencia clara de que la familia ha sido en toda sociedad civilizada su núcleo gravitatorio condujo a que no se apoyara debidamente la incorporación al mundo laboral de la mujer. Este hecho sigue vigente hoy en día. Crisis de maternidad y crisis familiar son dos dimensiones del mismo problema. Ayudaría mucho que todos sintiéramos como propia la necesidad de corregir los errores cometidos, en caso contrario esto pinta mal.

Las mujeres han demostrado que pueden remover todas las dificultades. Les exigimos que sean madres, esposas, trabajadoras, sin ni siquiera plantearnos que podemos hacer por ellas para que no solo sean, sino que se sientan queridas, respetadas y admiradas como les corresponde.

Hacer compatible la maternidad con la plena integración laboral de la mujer transciende un mero análisis desde la perspectiva de la economía política. Requiere una perspectiva más sutil porque los factores emocionales son claves, la maternidad es una aspiración firme para la inmensa mayoría de las mujeres. Aspiración que merece ser querida, compartida y apoyada por todos.