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Mentiras, dudas y sospechas

 

Luis-Ángel Alonso Saravia exempleado de caja españa
11/10/2018

¿España y los españoles nos merecemos un presidente de Gobierno que miente, plagia y amenaza a sus adversarios políticos? Evidentemente, no. Pedro Sánchez mentía en su curriculum al incluir haber sido «jefe de gabinete» de Carlos Westendorp, cuando solo era un miembro más del gabinete. Mentía al incluir un Máster en Liderazgo Público impartido por el privado IESE, que no era tal sino un simple título de postgrado. Mentía al incluir que estudió su licenciatura en Ciencias Económicas y Empresariales en la Complutense de Madrid, cuando, en verdad, lo hizo en el adscrito Real Centro Universitario María Cristina de El Escorial, de carácter privado y vinculado a la orden de los Agustinos. Sánchez mentía en sede parlamentaria cuando afirmó tener su tesis doctoral «colgada» en Teseo, disponible para quien deseara consultarla, cuando no era cierto que estuviera ya publicada.

Suficientes mentiras para presentar sin más demora su dimisión y restituir, así, la dignidad del cargo que desempeña. España y los españoles no se merecen un presidente de Gobierno que miente, plagia y amenaza. La decencia, en cualquier ámbito de la vida, no ha de generar dudas; al contrario, ha de estar fuera de toda sospecha. Dar ejemplo es importante y el primero en hacerlo debería ser quien preside el Gobierno de España. Sin embargo, Sánchez, que en un debate con Mariano Rajoy, intentó desprestigiarle al decirle que «usted no es un político decente; un presidente debe ser decente, usted no lo es», no es precisamente modelo de ejemplaridad y decencia. Hoy muchos españoles dudan y, por ello, se preguntan si Sánchez es un presidente digno y decente, pues mentir, plagiar y amenazar es una indignidad e indecencia.

Mentiras a las que también recurrió su esposa, Begoña Gómez, para adornar su curriculum. ¿Sería por efecto contagio, o más bien por aquello de «pillar hasta que te pillen»? Mentiras en las que también incurrió el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, al haber exhibido en su curriculum un falso máster en lugar del simple curso que parece ser lo que realizó en una fundación vinculada a su partido, y que justificó presentando públicamente un «papelito».

A las falsedades hay que añadir dudas razonables sobre la autoría de la mediocre tesis doctoral con la que Sánchez obtuvo el doctorado en Economía por la Universidad Camilo José Cela. Llama la atención que, siendo defensor de la enseñanza pública, haya realizado sus estudios en distintos centros privados y que presentara su tesis doctoral en una universidad también privada, de la que entonces era rector Rafael Cortés Elvira, sobre el que se ha escrito que «sin duda, hay que partir de la presunción de inocencia de todas las personas pero en el caso de Rafael Cortés Elvira cuesta pensar que no presionara para conseguir que un destacado militante de su partido fuera doctor por la vía más rápida y cómoda» (noticierouniversal.com).

Sánchez leyó su tesis doctoral el 26 de noviembre de 2012, a la que había dedicado solamente dos años y nueve meses, cuando en España la media para este tipo de estudios suele estar en los seis años. Se trata de un ejemplar de solo 342 páginas, extensión escasa para lo que debería ser una tesis doctoral. Y respecto a la composición del tribunal, Sebastián Faber, entre otros, cuenta en lamarea.com que presentaba rasgos curiosos, como tener carácter marcadamente endogámico, poco peso académico y que no está claro que se ajustara a la ley.

No ha sido fácil leer la tesis doctoral debido a que su acceso estuvo blindado, lo que no deja de ser una anomalía en el ámbito universitario. Hoy sabemos que «la tesis es floja y el tema no da de sí» (M. Blanco); «la tesis es un fraude y un bodrio sin valor académico alguno» (abc.es); «es una de esas tesis chapuzas que aún se hacen en determinados departamentos y que no se deberían permitir… Es una tesis que no puede enviarse a ninguna publicación económica de prestigio porque ninguna la publicaría» (elmundo.es); «sus conclusiones son poco sustanciosas» (J.R. Rallo); «desde un punto de vista científico, parece superficial e inane… A juzgar por sus conclusiones, la tesis pareciera haber sido escrita por alguien de una ONG… Se comprende que Sánchez haya querido mantener su tesis en secreto por la mediocridad intelectual que sus conclusiones rezuman» (M. Conthe); y desde el PSOE se dijo que «no pasaría el corte de la Autónoma. La podría haber hecho un abogado, un historiador o un periodista. No hace un análisis empírico de los datos, no incorpora apenas fórmulas ni correlaciones».

¿Acaso no procede investigar para esclarecer dudas y sospechas sobre la autoría de tan mediocre tesis doctoral? ¿Estamos ante un presunto regalo académico? «Hay cosas que no se hacen, si se hacen no se dicen, y si se dicen se niegan» (J.A. Sáenz de Santamaría). Por todo ello, el presidente ‘low cost’, doctor ‘cum fraude’, debe dimitir. La tesis doctoral es una burla a la inteligencia, a los estudiantes, a la Universidad y a la sociedad española en general. ¡Tic, tac, Pedro Sánchez váyase ya!

   
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