+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

TRIBUNA

Mi primera beca

 

ángela francoángela franco 31/07/2005

Entre los años 1968, en que presenté mi Memoria de licenciatura en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Complutense de Madrid, y 1974, investigué en mi tesis doctoral, Escultura gótica en León y provincia. Como suele suceder en este tipo de trabajos, se pone alma, corazón y vida, como reza la canción, y con ello el dinero que se tiene y el que no se tiene. Todo está marcado por la ilusión, y mirando hacia atrás, cuando ya se peinan algunas canas, una siente satisfacción ante la enorme cantidad de horas, del día y de la noche, dedicadas al tema elegido. Veces había en que las horas de sueño eran sacrificadas anotando apreciaciones, contrastando opiniones de sabios investigadores, o revisando errores. En mi caso, las largas horas transcurridas en la catedral, la convirtieron en mi «casa», de tal modo que una vez finalizada la tesis, era obligada mi vista a la misma cada vez que iba a León. Realicé también bastantes desplazamientos no sólo por la provincia, varios de ellos con mi padre, q.e.p.d., quien ya conocía el estilo de las Virgencitas góticas diseminadas por su geografía. Fue entonces cuando me desplacé hasta las grandes catedrales francesas, entre las cuales sufrí una especial fascinación ante Nôtre-Dame de Reims. A ella accedí desde el fondo de la plaza, y a medida que avanzaba hacia el templo, sentía que me devoraba, y devorada me sentí una vez en el interior. Esta catedral ha representado para mí una experiencia inolvidable, sin despreciar las catedrales de Chartres, París, Amiens, Bourges, Poitiers, Burdeos, Bayona. Se trataba de mi primer viaje al extranjero que se coronó con una más que un notable enriquecimiento de mis conocimientos en escultura monumental. Mis medios económicos eran muy exiguos, pues impartía clases de bachillerato en un colegio privado en Madrid. Mis investigaciones avanzaban a buen ritmo, recibiendo los sabios consejos de mi director, don José M.ª de Azcárate y Ristori. Y he aquí que la entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León convocó unas becas de investigación en cuyo comité científico figuraba como secretario el recientemente fallecido don Andrés Suárez, catedrático que fue de la Facultad de Veterinaria y una institución en León. Solicité una ayuda, que me fue denegada, siéndole concedida a otra doctoranda con un curriculum vitae más brillante que el mío. No acepté de buen grado la negativa, pues entendía que si mi trabajo versaba sobre tema leonés y el de la agraciada no, estaba más que justificada la adjudicación de una beca. Con esta filosofía, escribí una carta al Secretario, quien me contestó en términos tan amables y comprensivos a mis impulsos, que me desarmó. Me dejó la «puerta abierta» y me invitó a visitarlo en uno de mis viajes a León. Evidentemente lo hice, y no una, sino muchas veces, de tal manera que soy consciente que mi actitud le movió a hacer algo por esta leonesa tan testaruda y porfiada. Sin duda, se convenció de que era la única forma de evitar mi continuada presencia siempre con la misma cantinela. Del frío, aunque cordial usted, pasamos al trato del cálido tú, y de doctoranda-profesor a una grata amistad. Un día de 1973 me preguntó: «Ángela, ¿cuánto tiempo necesitas para finalizar la tesis?», «seis meses», contesté como un resorte. «Pues tendrás una beca de seis meses». Y en seis meses concluí la investigación, que fue presentado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense, de Madrid, calificado con sobresaliente cum laude. Fue premiada por la Institución Fray Bernardino de Sahagún de la Excelentísima. Diputación Provincial de León, Patronato José M.ª Quadrado, del CSIC, y publicada parcialmente. Agotada años más tarde, fue reeditada por el Instituto Leonés de Cultura (León, 1998), sufriendo una sustancial transformación en contenido y formato. La investigación de 1974, que entendí entonces como la totalidad de mi saber se transformó en algo más elaborado y maduro, sazonado por mis posteriores análisis y reflexiones sobre el carácter internacional del arte leonés, idea que ha presidido constantemente mis investigaciones. Con este largo preámbulo no pretendo significarme como protagonista en este asunto. Por el contrario, la generosa actitud de don Andrés Suárez ha sido el acicate para mi investigación, y sin su confianza en mí no se hubieran desarrollado los acontecimientos de la forma en que se han sucedido. Su empatía me consta, entre otros hechos, a través de una anécdota que no quiero silenciar: Una amiga común de ambos realizó un viaje de estudios a León con sus alumnos y le visitó. Él, como deferencia, le regaló mi tesis publicada, con la observación: «la autora de este trabajo es una gran luchadora», a lo que ella contestó: «me consta, pues es amiga mía y la conozco muy bien». No me enteré de su fallecimiento, ocurrido el 19 de mayo pasado, sino hace unos días a través de una cariñosísima carta de su esposa, Noli. Siento no haber acudido al funeral, pero bien sabes, querido Andrés, que guardo de ti un entrañable e imperecedero recuerdo en mi corazón y que seguimos en contacto a través de la Comunión de los Santos.





Buscar tiempo en otra localidad