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RÍO ARRIBA

MSP, cien años

 

MIGUEL PAZ CABANAS
07/11/2018

Fernando Martínez Rubio habló hace unos días de los cien años de historia de la MSP, en el curso de unas jornadas organizadas por el Ayuntamiento de Villablino. Fue la suya una ponencia concienzuda, ágil y didáctica. Nos brindó la oportunidad de conocer los avatares de la que fuera durante décadas la principal empresa de León, describiendo pormenores célebres junto a hechos históricos no tan conocidos. Inexorablemente, estaba hablando de nuestro pasado lejano y reciente, de una memoria que nos concierne y que nos sigue fascinando: son muchos los leoneses que, por motivos familiares o geográficos, siguen manteniendo un fuerte vínculo emocional con la mina. Era fácil hallar en sus palabras, en los nombres y en los sucesos, incluso en las cifras, apuntes con sabor literario: la puesta en marcha del Coto Wagner, la llegada a las cuencas de un ingeniero belga que había compartido mesa en la Residencia de Estudiantes con Buñuel o Lorca, los orígenes sindicales de Comisiones en La Camocha, el encierro de los ocho en el pozo Calderón, la Marcha Negra, los años siniestros donde se utilizaba a presos republicanos para extraer carbón. A quien más y quien menos se le ponía un nudo en la garganta y uno presentía en los ojos de los más viejos una sucesión de vivencias y anécdotas que desaparecerán en cuanto ya no estén. Durante algún tiempo mi abuelo Cabanas, víctima de varios accidentes y a quien se le había muerto un hermano pocos días antes de jubilarse, insistió en bajarme a uno de aquellos pozos, ante la mirada ceñuda de mi abuela, que solo asociaba el espacio de la mina a dolor, muerte y oscuridad. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho, pues sospecho que lo que pretendía era que alguien de su propia sangre conservase el recuerdo de un lugar que le inspiraba una extraña mezcla de temor y nostalgia. Supongo que a una parte de las personas que asistían al acto les pasaba lo mismo. Son conscientes de que el valle no puede volcarse en reminiscencias, que tiene que buscar alternativas, pero se resisten con razón a desprenderse totalmente de su pasado. Fernando Martínez, al final de su conferencia, invitó con elegancia a afrontar ese doble empeño. La lectura posterior de un poema de Eva González, que naciese con la construcción del ferrocarril que unía Villablino y Ponferrada, vino a respaldar de algún modo esa idea de conectar la memoria y el futuro a través del proyecto del tren turístico del Sil, ingeniosamente bautizado como Ponfeblino. Esos versos que hablan de «Aquel Mistu que baxaba templanín pula mañana», evocan una época que nos pertenece y que nos enseña a ser mejores. Como cuando mi abuelo me quería dejar claro que, pese a quien pese, no todo es olvido.