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SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Niebla

 

14/06/2018

En su novela La niebla Stephen King nos relata como en una pequeña localidad de Estados Unidos repentinamente se ve envuelta en una rara y peligrosa niebla. Nadie conocía su procedencia, y lo mismo que apareció, desapareció. Pero, entremedio, todo tipo de fenómenos extraños se sucedieron. Desde desapariciones, muertes, al surgimiento de monstruos y, sobre todo, una sensación de irrealidad y desorientación de los personajes.

Pues, salvando las distancias, algo parecido nos está ocurriendo a nosotros. No percibimos la niebla, quizás porque está formada por todo aquello que nos genera temores, dudas e incertidumbres. Quizás porque se encuentre en nuestro interior y no en el exterior.

Nuestros monstruos los generamos nosotros, no hace falta que vengan de fuera, al igual que en la película El planeta desconocido, la génesis y fortaleza de los monstruos se encuentran en nuestras mentes. Cuanto más nos empeñamos en combatirlos, más fuerza adquieren.

Todos manifestamos nuestros mejores deseos para construir un mundo en paz y progreso. No dudo de nuestra sinceridad, pero lo cierto es que los hechos tienden a demostrar lo contrario. El diálogo se convierte en conflicto, la sincera admiración en envidia, la humildad en soberbia, y todo ello lo hacemos nosotros solos, no necesitamos ayuda de nadie.

No deja de ser raro, al menos contradictorio el hecho de que pretendamos hacer las cosas bien y por el contrario generemos permanentemente pensamientos y acciones negativas. Creo que hemos perdido el control sobre nuestra realidad.

El ritmo del mundo actual nos arrastra, todo va tan rápido que no somos capaces de asimilar qué está pasando. La relación entre el espacio y el tiempo parece como si se hubiera diluido en cierta medida. ¿Alguien puede tener una mínima idea hacia dónde nos dirigimos?

Parece que más allá de alguna teoría económica que se atreve a vaticinar como estará la economía mundial a corto plazo, que no suele acertar, no hay cristiano que se aventure a predecir el futuro ni para el día siguiente.

Esto genera que vivamos una realidad en permanente cambio, acelerada, carente de la suficiente reflexión sobre las cuestiones que han preocupado al hombre desde sus orígenes. En la práctica se traduce en permanentes demandas sociales de cambios para intentar aprehender realidades que dada su fugacidad son difíciles de interiorizar.

En el ámbito jurídico es donde se pone de manifiesto de una forma clara esta realidad. Son continuas las demandas de cambios legislativos en todas las disciplinas jurídicas. Y esto tiene su lógica porque el derecho está presente en todos los aspectos de nuestras vidas.

No valoraré la oportunidad de la demanda de estos cambios, pero sí que digo que no se puede alimentar la espiral vertiginosa de mutabilidad en la que vivimos desde una visión meramente positivista del derecho, de normas que intentan dar soluciones a problemas puntuales. Esto solo conduce a mantener la situación actual y considero que esta situación hay que intentar revertirla.

Lo mismo que somos capaces de generar esa niebla interior, somos capaces de hacerla desaparecer si profundizamos en nuestra naturaleza. La derrota de los monstruos creados por la mente humana en la película citada se debió a la recuperación de la dimensión espiritual del ser humano, a entender que la razón que excluye la dimensión trascendente del ser humano lo enajena.

La ciencia, la economía, el derecho, las ambiciones, la competitividad, entre otras muchas cosas, son positivas si están supeditadas a un fin superior, preponderante que es el ser humano. El ser humano y su dimensión trascendente debe ser colocado en el epicentro del mundo. Si no recuperamos la fe en la naturaleza humana, la sociedad terminará diluyéndose en una niebla que no dejará recuerdo de humanidad. No sé que sociedad será la del futuro, ni siquiera la de dentro de pocos años, pero sí sé que nos interesa a todos decelerar un mundo sin rumbo.