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LA LIEBRE

Nieve

 

ÁLVARO CABALLERO
14/01/2018

Mi madre abría la portezuela de la cocina bilbaína y sacaba el rodillo de barro cocido que se había fogueado en el hueco del horno bajo la lumbre, atizada con insistencia para que no se helara la casa de Boñar. Con cautela, como si portara el primer fuego de los dioses, llegaba a mi habitación, metía la mano por debajo de las mantas, lo deslizaba por todas las sábanas y lo dejaba con cuidado a mitad de la cama, con la rodea puesta por encima, para que yo espantara el tembleque con los pies apoyados en ese calor que templaba todo el cuerpo de un latigazo. Fuera las ramas esqueléticas de los árboles se teñían de canas con la ventisca que descendía del puerto y agitaba nerviosa las persianas. De repente, se callaba. Todo quedaba congelado y, como si fuera un regalo, empezaban a descolgarse del cielo los falampos parsimoniosos de la nieve con los que se descorría el telón, ahora sí, del invierno.

La nevada inaugural en León trae al invierno del ronzal como la primera cereza presenta al verano, aunque el solsticio se empeñe en marcarle otra cosa al calendario. La memoria de la nieve, como consagró Julio Llamazares en el título de un poemario, vuelve cada año para ubicarnos en la historia de una provincia donde los paisanos conocían el límite territorial de los pueblos por la linde hasta la que debían espalar para salir y que continuaran los del siguiente; donde se abrían galerías para que las vacas pudieran bajar a beber agua al río; donde al abuelo había que velarlo tres días en el corral porque no escampaba para poder subir hasta el cementerio con el ataúd al hombro y cavar la tumba en que la tierra le fuera leve. La nieve no era un souvenir, como ahora, cuando se aprovechan los primeros copos para desafiar a los avisos del temporal, meterse en el coche en playeros y tirar carretera adelante sin cadenas con impertinencia hasta que aparezcan la Guardia Civil y la Unidad Militar de Emergencias (UME) para redondear la aventura; ni tampoco un arma arrojadiza política que desnuda las miserias de la incompetencia del Gobierno —hace 8 años el PSOE y ahora el PP, ¿verdad, Mariano?— para gestionar el operativo y poner en su sitio a la concesionaria de la autopista.

Es mentira que ya no nieva como antes. Somos nosotros, que hemos cambiado.

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