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MARINERO DE RÍO

Una niña

 

EMILIO GANCEDO
06/11/2017

Pedimos agua… y llegó el agua. Y con la tormenta vino a caer también un maná sonrosado de naricilla respingona y ojos de ratón curioso, una criatura con muchas prisas por entrar en el mundo y ver lo que en él se cuece. Tantas, que obligó a los profesionales del asunto a emplearse a fondo para que no compareciera en pleno pasillo del Hospital, y hubo muchas carreras y se acondicionó a toda prisa una sala, y allí entonó su primer buenos días hecho de gañidos y gorgoteos, un lloriqueo feliz, una voz nueva sonando muy limpia en mitad de un hoy cada vez más viejo y destartalado.

Después de su particular big bang y de esos primeros minutos de existencia en los que el tiempo parece detenerse o más bien quedar suspendido de una cuerda finísima, como si una orquesta invisible se preparase antes de arrancar una melodía nunca antes interpretada, el padre tomó aliento en el quicio de la puerta y alguien le preguntó por el desenlace de la aventura.

—Es una niña —respondí.

Sí, era una niña. Y esas sencillas, inocentes palabras me parecieron entonces capaces de contener un cosmos completo.

Una niña es un concepto redondo y perfecto. Más vida en la vida. La sensación alcanza una plenitud imposible de traducir, y resulta de maravilla que en esos apenas tres kilos arrugaditos y ronroneantes, de tal modo suaves que parecen exigir un nuevo vocablo para designar su tacto, quepa tanta promesa y tanta esperanza. Niñas y mujeres fuertes, decididas y valientes como sólo pueden serlo el tipo de mujeres que todos tenemos en mente son más que necesarias para salir a flote en estos mares de lodo que nos quieren hacer pasar por agua, y por eso yo me paso las horas mirando la niña que cayó como el maná, y vuelvo a mirarla. Y pienso en todo el corazón, todo el coraje y toda la capacidad creativa que habrá de emplear para cambiar el mundo, y esto es así porque cada vez estoy más convencido de que esa tarea sólo es capaz de sacarla adelante… una niña.

De todos modos, ella ya ha cumplido. En lo que respecta a nuestro mundo, está claro que nos lo ha cambiado por completo.

   
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