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No me lo creo

 

camino gallego
20/03/2017

Cuando escucho que la sequía de este invierno está propiciando los incendios, no me lo creo. No llueve, pero hay heladas y humedad nocturna, por lo que no es entendible que el monte se queme. Además, por si no fuera suficiente la mayoría de esos incendios se producen de noche, cuando la falta de visibilidad protege a los pirómanos. Y también suele ocurrir que las llamas comienzan en varios focos, para asegurarse de que alguno tira lo suficiente y no se apaga, que es realmente lo que pretende quien pega el cerillazo.

No me creo los incendios fortuitos en el verano (puede haber uno de cada diez) así que mal voy a creerme los del invierno. Lo de que el calor provoca incendios es una patraña. No hay más que recordar aquellos veranos de hace cuarenta o cincuenta años, que eran más calurosos que los de ahora y sin embargo no había incendios. O no en la misma proporción. La explicación es sencilla. Entonces había gente en los pueblos y los vecinos se preocupaban de cuidar el monte, que pastaban ovejas y vacas y no se acumulaba biomasa, como ocurre ahora. También los mismos vecinos estaban ojo avizor y conocían las andanzas de quien se acercara. Así, los amigos de las llamas lo tenían difícil. La quema de rastrojos era más frecuente, pero se tenía más cuidado y se controlaba mejor.

Tenemos una provincia en la que los incendios ya no dan tregua ni en invierno. En 2014 León fue la segunda de España (por detrás de Cáceres) en la que se produjeron más incendios forestales. Como para estar orgullosos ¿Saben cuántos fueron provocados? La gran mayoría ¿Saben a cuántos pirómanos se detuvo? Posiblemente a ninguno. Y si se detiene a alguien normalmente queda libre porque no hay pruebas.

La impunidad ignífuga nos está dejando sin monte, empobreciendo el campo. Esos incendios también contaminan el aire. Ahora hay consejerías de Medio Ambiente y ministerio de lo mismo, pero no se pone fin a esta lacra que a todos empobrece y asfixia. Hablamos de luchar contra el cambio climático, aunque no podemos hacer nada más allá de evitar degradar la naturaleza, y sin embargo no hacemos nada de lo que sí podemos controlar como es mantener limpios y vigilados los montes y a los pirómanos lejos. Consejería y ministerio son burocracia, no conservación.

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