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‘No sé si soy de los nuestros’

 

EL CORRO PEDRO VICENTE
24/01/2017

La confusa y agitada situación que vive el PSOE remite a aquella célebre frase atribuida a Pío Cabanillas, padre a propósito de la jaula de grillos en que terminó convirtiéndose la UCD. Nunca se ha confirmado que Cabanillas, máximo exponente político de la proverbial retranca gallega, pronunciara dicha frase, pero como dice el latinajo «se non è vero, è ben trovato».

La diferencia es que la UCD era un partido de aluvión, creado a toda prisa para ganar desde el poder las elecciones de 1977, mientras el PSOE se dispone a cumplir 138 años. En tan larga trayectoria ha conocido enfrentamientos internos mucho más graves y dramáticos que los que nos escandalizaron el pasado 1 de octubre, día de aquel Comité Federal del que salió defenestrado el primer secretario general elegido directamente por la militancia. Pero la ceremonia de la confusión en la que se encuentra actualmente no se si tiene parangón en su historia.

Pedro Sánchez, que anunció que iba a echarse a la carretera para reencontrarse con las bases suplantadas por los barones conjurados en aquel comité, ha gastado muy poca gasolina. Un par de viajes y decidía retirarse al rincón de pensar. Por el contrario, Susana Díaz, la inductora y máxima ejecutora de su defenestración, es la que ha iniciado un periplo tratando de granjearse el apoyo de la militancia socialista de Despeñaperros hacia arriba. Dice que no está en campaña por la secretaría general, pero sus actos, como vimos el pasado fin de semana en Palencia y Camponaraya, empiezan y acaban entre aclamaciones de la concurrencia amenizadas por la sintonía electoral del PSOE.

Por su parte, Patxi López ha emergido como candidato con el apoyo del grupo de barones que, tras haber sido fieles a Sánchez, luego han pensado que el ex secretario general no podía ser la solución a un problema del que había formado parte sustancial. Razonamiento este último que también es de aplicación a Susana Díaz y al otro grupo de barones, puesto que todos ellos, sin excepción, la liaron parda aquel 1 de octubre.

Así las cosas, pese a su orfandad, Pedro se resiste a tirar la toalla. Él y el reducto que todavía le es fiel no se fían un pelo de Patxi, al que creen capaz, con Rubalcaba de muñidor, de prestarse a un apaño de última hora que ahorre a Susana el trago de someterse a unas verdaderas elecciones primarias. Entretanto, numerosos dirigentes socialistas de segundo y tercer nivel han cambiado de bando buscando el abrigo del sol que más calienta, caso de varios secretarios provinciales de Castilla y León, «sanchistas» antes hasta la médula y entregados ahora al «susanismo» con el consabido entusiasmo de los conversos. Aunque a estas alturas todos estamos curados de espanto, el espectáculo no deja de producir cierta vergüenza ajena.