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AL TRASLUZ

Y no son finlandeses

 

EDUARDO AGUIRRE
17/04/2018

Tengo en mis manos un libro con título sorprendente: Sistemas educativos decentes, coordinado por Fernando Rey y Mariano Jabonero. En su impactante portada, una niña levanta en la clase una mano semicerrada, no sabemos si para decir «¡viva el profe» o con intención de cantar La Internacional. El título adquiere plena actualidad ante algunas bochornosas indecencias. Rey es consejero de Educación y paisano nuestro. Una de las máximas responsabilidades del gobernante es acertar con los nombramientos. Herrera acertó con este leonés. El suyo no es mérito hinchado, pues reúne los dos currículos que importan: el académico, logrado mediante el estudio; y el humano, sin el que la política se queda en mero cargo. La obra, editada por la Fundación Santillana, contiene diez textos, que leeré en su totalidad. Nada más tenerlo en mis manos me fui al del consejero: Cómo conseguir un modelo educativo de éxito. Después al de Pilar Garcés: ¿Por qué la Universidad?». Conocí el año pasado a la directora general de Universidades, y lo mismo puedo decir de ella: otro acierto de elección. Sí, es imprescindible que los mejores estén en los puestos donde se toman decisiones. Falsear saberes conlleva, además de mentir, que quienes sí los tienen queden relegados de donde podrían darnos lo mejor de sí mismos. No sublimo la titulación, sino el conocimiento. Lo diferencio del memorión de elefante, o de quienes tras haber sacado una oposición creen que han cumplido para siempre con sus neuronas. ¿Acaso no hay quien de mayor se pone a estudiar mientras los demás nos vamos al cine?

Escribe Rey al comienzo de su texto: «Hemos pasado de ser un país de cuarenta millones de seleccionadores de fútbol a otro en el que hay esa misma cantidad de expertos en materia educativa opinando a la vez». Algunos además aporrean al árbitro. Achaca el éxito de la Educación en Castilla y León en el informe Pisa a un mérito coral. Y no somos finlandeses, ironiza.

Explica que no milita en ningún partido «porque ni yo mismo soy de mi propia opinión a veces». Junto a esa retranca leonesa, lo que más nos importa: Rey y Garcés saben de lo que hablan y escriben, no hay truco en sus saberes. No hace falta ser finlandés para advertirlo.

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