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No vamos tan mal

 

SILUETAS gonzalo ugidos
12/01/2017

Como acaba de morir el  filósofo Zygmunt Bauman, los periódicos han recordado sus diagnósticos. Eso está bien, un poco de filosofía para contextualizar la política y la economía que lo llenan todo. Dijo Bauman que estos son tiempos sin certezas, que hemos olvidado las cosas sólidas del pasado: el amor, la amistad, los sentimientos, el trabajo bien hecho. En decadencia el Estado de bienestar y sin relatos colectivos que otorguen sentido a la historia y a las vidas individuales, surfeamos en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante —incierta— y cada vez más imprevisible.

Bauman se refiere al miedo a establecer relaciones duraderas y a la fragilidad de los lazos solidarios que parecen depender solamente de los beneficios que generan. La esfera comercial lo impregna todo, las relaciones se miden en términos de costo y beneficio, económicos. Es mejor desvincularse rápido, los sentimientos pueden crear dependencia. Hay que cultivar el arte de truncar las relaciones, de desconectarse, de anticipar la decrepitud Hay que saber escaquearse a tiempo. Los viejos son un estorbo y los parados son considerados gente superflua, excluida, fuera de juego, «desechos humanos». Hace medio siglo los parados eran una reserva del trabajo activo que esperaba en la retaguardia del mundo laboral una oportunidad. Ahora, dijo Bauman, «se habla de excedentes, lo que significa que la gente es innecesaria, porque cuantos menos trabajadores haya, mejor funciona la economía». Para la economía sería mejor si los desempleados desaparecieran. Es el Estado del desperdicio, el pacto con el diablo: la decadencia de lo que fue sólido y ahora es líquido.

Todo eso es cierto. Pero es una parte de la verdad. La gente a lo largo y ancho del mundo es más rica, goza de mayor salud, es más libre, tiene mayor educación, es más pacífica y hay más igualdad que nunca antes. Es errónea la percepción de que el mundo retrocede. Si esa idea está tan extendida es porque somos más críticos, mucho menos complacientes con el sistema y sus agravios. Cosas que hoy nos parecen intolerables fueron la norma. El escritor e historiador sueco Johan Norberg demuestra en el libro «Progreso: diez motivos para mirar hacia delante» que el mundo está mejorando rápidamente. De hecho, nunca antes mejoró así de rápido. Cada minuto cien personas salen de la pobreza. El mundo no es un lugar perfecto. Ni siquiera un buen lugar. Padecemos injusticias, guerras, hambre y violencia. Pero los que se toman la molestia de repasar la Historia saben de sobra que de todos los escenarios globales que hemos conocido este es el mejor. A pesar de lo que dijo Bauman, el mundo no empeora, mejora. A pesar de Trump, hay esperanza.

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