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EN POSITIVO

El Noroeste, una oportunidad

 

paco balado
06/11/2015

Se celebra estos días en Ponferrada el II Congreso del Noroeste Ibérico, una magnífica iniciativa de la UNED, en concreto de su Campus Noroeste con José Luis Prieto, José Antonio González y Jorge Vega a la cabeza, y en la que se está poniendo de manifiesto la importancia del territorio en el desarrollo social y económico.

El territorio siempre ha condicionado el desarrollo humano. El Noroeste ibérico es buen ejemplo de ello. Mucho antes de la llegada de los romanos, estas tierras ya eran zonas de paso, lugares de encuentro entre pueblos que de norte a sur o de oeste a este intercambiaban sus productos, su cultura o guerreaban por conseguir los mejores espacios productivos o estratégicos.

Más tarde, las formaciones regionales o nacionales que se fueron construyendo se ocuparon, en muchas ocasiones, en separar más que unir, haciendo que pueblos vecinos, de tradiciones compartidas e historia común, hayan vivido de espaldas, unos con otros, demasiado tiempo.

Que los habitantes de diferentes territorios colaboren en un proyecto de futuro común no debe significar, en ningún caso, quiebra o renuncia de lo propio. Ya lo de decía, aunque con otro sentido, el filósofo alemán Erich Fromm: «el amor maduro significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad.» Los nacionalismos nos han enseñando y, en España lo siguen haciendo, la perversión que supone mirar exclusivamente hacia uno mismo. Reducir los espacios sólo trae pobreza y angustia. Ampliar las miras, progreso y bienestar.

Por eso son tan importantes iniciativas como ésta del Campus Noroeste de la UNED. Durante estos días se está reflexionando en Ponferrada sobre el Noroeste Ibérico, sobre su historia común, su patrimonio natural y cultural, su ordenación, su paisaje, sobre la necesaria incorporación del medio rural al progreso a partir de las posibilidades que ofrece el impulso tecnológico con elementos de desarrollo compartido como la biomasa o el vino que, en definitiva, delimitan un territorio de presente y de futuro más extenso y abierto sin que por ello se deba renunciar a seguir siendo Galicia, Asturias, León o Bragança.

En estos tiempos de globalización y apertura, aunque algunos quieran encerrarse en sí mismos, entender el territorio más allá de las fronteras, como un elemento de cohesión y colaboración, como instrumento de progreso me parece una estupenda propuesta y una gran oportunidad.

Ahora se trata de utilizar esa riqueza común pasando de la reflexión académica a las propuestas prácticas. La Universidad resulta, sin duda, una magnífica herramienta para facilitar esa conexión entre la idea y la realidad y para ello, lo urgente sería aumentar la inversión, pública y privada, en conocimiento. Por ahí habría que empezar.