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NUBES Y CLAROS

Las noticias o lo importante

 

MARÍA J. MUÑIZ
14/04/2018

Cortinas de humo, pero tan denso que no dejan ver ni los árboles ni el bosque. Folletines de inacabables capítulos que se retroalimentan con sus propios argumentos y alguna que otra torpeza o tropelía. Información interminable y renovada (¿o revolcada?) a cada minuto para generar la confusión suficiente como para mantener al personal atontado, unos por absortos en el debate y otros de espaldas a él fruto del hastío. En resumen, uno vocerío insoportable en el que es imposible escuchar nada con claridad. El paraíso para quienes pretenden dejar correr en el despiste cuestiones de mayor trascendencia, y el infierno para aquellos a los que toda información vomitada en exceso produce sólo unas ganas infinitas de silencio.

El ruido informativo nos envuelve cada vez en mayor medida, convirtiendo cualquier asunto en inacabable y ensordecedora cháchara. Y llamando nuestra atención con piruetas circenses para que las desviemos de aquellas otras cuestiones que sí son realmente importantes; incluso de la vida misma.

En los últimos días el asunto la gresca real y su irreal forma de resolverla sólo ha sido superada por la torpeza de Cifuentes, que perderá la coleta en la cosa pública no por falta de formación o master sino por mentirosa. Y, al retortero, por la bochornosa ristra de venta al peso de títulos sin más fondo que lo que han costado por parte de un buen número de cargos a los que, por otra parte, nadie les pide currículum, sino soluciones.

Soluciones para todo eso que pasa mientras la política se enreda en cuestionarse o aplaudirse a sí misma. Que hayamos dejado de hacer ruido con ellas no implica se hayan volatilizado, o dejen de acechar nuestro día a día. De hecho, siguen siendo lo único importante para la inmensa mayoría de los atribulados ciudadanos, hartos de seguir arrastrando las mismas miserias mientras allá, en las instituciones, se eleva a cuestión de Estado hoy esto y mañana aquello, para seguir evitando mirar de frente a problemas para los que, cabe sospechar, quizá no tengan solución que ofrecer.

La proliferación de medios, canales y redes no hace sino alimentar y amplificar este guirigay ensordecedor en el que vivimos permanentemente atrapados. Pero la realidad no es ese circo. Ojo.