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EL BALCÓN DEL PUEBLO

Nueva asociación civil

 

J.F. PÉREZ CHENCHOJ.F. PÉREZ CHENCHO 10/09/2004

FUE HACE media docena de años. Un grupo de amigos dimos buena cuenta de un arroz con menudos de pollo de corral y pollo guisado. Y también, por qué no, de una tarta de galletas y un flan redondo como los que se hacen, con buena mano y excelente tino, enla mayoría de las casas de esta tierra. Lorena, una niña dulce y con toda la frescura del Alto de la Collada de Aralla, me ha corregido a partir de entonces: No es un pollo de corral, sino un gallo de monte. Debe ser cierto. Los pollos del Alto de Aralla no están adiestrados, como los que ofrece Las Lleras, por Casimiro en Rucayo, de cuatro a siete de la tarde. Los del Alto de Aralla hacen exhibición de sus espolones escarbando la tierra para que picotee el ejército de gallinas que los sigue. Fue, digo, hace media docena de años. Digitalizamos entonces las piedras de la trinchera, hicimos panegíricos de los combatientes desarrapados, analfabetos, capaces de escribir con uve: «¡Avajo el fascio!», nos emocionó la lectura del textamento ológrafo del capitán Lozano. Hay frases que son como gritos sin sordina: «Muero inocente y perdono, y pido a mi familia que ellos perdonen también». O cuando reclama que se vindique su buen nombre. Desde el ventanal del Alto de la Collada, con pocas nubes sombreando la imagen, contemplábamos Aralla -anteayer celebrando su fiesta patronal- y al fondo, el embalse azul del Luna. Una postal extraordinaria, realmente mágica. Fue hace media docena de años. Y entonces, en el entramado de una de esas largas conversaciones, alguien propuso erigir un Monumento a la Dignidad. Habíamos cumplido con creces con la sed. No sé si fue el profesor Jesús Calabozo, o el panadero Dulsé, o yo qué sé quién. Quizá fui yo mismo. Y un ganadero de silencios y vehemencias, con amplio currículo en la zona, nos cortó de cuajo: -¡No tenéis cojones! Nos echó un órdago. Y aquella misma tarde-noche comenzó a tomar cuerpo erigir un Monumento a la Dignidad en el Alto de la Collada de Aralla, en el que se sintieran representadas todas las víctimas de aquellos años atroces, con protagonismo escénico del capitán Lozano. Nos ayudaron muchos: con aportaciones, alientos, estímulos, una ilusión a prueba de todos los rastrojales. Recalco: fue hace media docena de años. Su nieto, José Luis Rodríguez Zapatero, estaba entonces sólo en disposición de pedir apoyos. Ocupaba un escaño en el Congreso de los Diputados y ni por asomo estaba incubándose la posibilidad de ser sercretario general de los socialistas españoles y, mucho menos, presidente del Gobierno. Es una precisión cronológica necesaria, probablemente más necesaria qe nunca. Aquel grupo de amigos, de pasos cortos pero sin tropezones, volvimos anteayer al Alto de la Collada de Aralla. Nos regocijamos contemplando el Monumento a la Dignidad. Y tuvimos tiempo para dar un brinco más a la alegría: constituimos la Asociación Civil en Memoria del Capitán Lozano. Fue posible tres años después de la inauguración. En el Alto de Aralla lucía un sol de cristal. Poco antes, una tormenta espesa amenazaba con arruinar la fiesta en el pueblo. Por fortuna, no descargó.