+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

AL TRASLUZ

Ocaso del listillo

 

EDUARDO AGUIRRE
21/02/2014

La Universidad de León ha empezado a aplicar un programa piloto llamado Turnitin, para detectar qué trabajos de los alumnos han sido copiados en la red. Antes, el descubrimiento de la trampa dependía del instinto de cada profesor. «Sospeché que el trabajo no era suyo porque cuando me lo entregó silbaba ‘soy un truhán, soy un señor’». Ahora se pasará el texto por la máquina y dará al instante que el alumno Lumbreras no es el autor de la teoría de la relatividad, aunque él jure que sí. Quien gane un Nobel se deberá a méritos propios, no a tener un catalejo y ser vecino de Albert Einstein. Pero esto de las autorías no incumbe sólo al estudiante. Por ejemplo, la historia secreta y no tan secreta de la ciencia está repleta de plagios, usurpaciones, traiciones, compras y eurekas anunciados por el marido pero encontrados realmente por la mujer. La verdad nunca debe quedar contaminada, ni siquiera en sus prolegómenos. ¿Y qué es la universidad sin la verdad? Shakespeare fusiló El rey Lear, pero para trascenderlo. El corta y pega universitario usa otra clase de munición. Copiar en el colegio puede ser considerado pecado venial, perdonable con un suspenso y unos latigazos en el patio, mientras el resto del alumnado aplaude. Si no me llego a apuntar en la mano los reyes godos Chindasvinto, Teudíselo y Gundimaro, en vez de memorizarlos, aún seguiría en la adolescencia y lo que es peor en 4º de bachillerato. Pero copiar un trabajo en la Universidad ya son pecados mayores. Además del suspenso y latigazos merece estiramientos en el potro.

Nuestra Universidad puede rentabilizar la inversión aplicando también el programa al currículo de los políticos. «Sí, mentí, lo confieso, puse que era doctor en Medicina, pero juro que tuve una novia practicante». Vale, señor diputado, pero ¿era necesario que en aquel mitin se emocionase al recordar su doctorado en Harvard?

Somos la suma de nuestras verdades, externas e internas, públicas y privadas. Mucho más que la verdad que figura en el currículo profesional. Somos incluso lo que quisimos ser, nuestros sueños. Aún así, querido alumno, sin ánimo de ofender, no cuela que se te haya ocurrido a ti solito: «E=mc2». Aunque tú también te llames Alberto.