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LA GALERNA

Paciencia

 

ANA GIL
09/10/2018

La paciencia es una virtud que no abunda, más bien todo lo contrario. Es un bien escaso en un tiempo en el que todo va demasiado rápido. Pero se convierte en necesidad cuando se trata, por ejemplo, de circular en coche por la ciudad y sus alrededores. Antes de salir de casa conviene respirar hondo y cargarse de ella por lo que pueda pasar.

Dicen que conducir en una ciudad pequeña como ésta es pan comido para quienes vienen de grandes urbes, que tardamos mucho en salir cuando el semáforo se pone en verde o que nos cuesta aparcar, como si no tuviéremos nada mejor que hacer que pasarnos un buen rato acomodando a nuestro coche.

Todo depende de las gafas con las que se mire, como todo. Pero una vez que te pones en marcha tienes que tener mil ojos: radares ocultos, guardias civiles semiescondidos en alguna esquina a las afueras para pillarte en un renuncio cuando menos te lo esperas, obras en el centro de la ciudad para dejarla guapa de cara a las próximas elecciones, aprendices de conductores en hora punta, baches capaces de desmontarte el coche, acondicionamientos de carreteras a primera hora de la mañana y sin avisar...

Eso durante el día, pero cuando cae la noche la cosa no mejora. Si tienes que salir de la ciudad por alguna carretera nacional prepárate para meterte en la boca del lobo. Decenas, cientos de farolas te acompañan en el trayecto. Apagadas, eso si. No sé lo que habrán costado y es cierto que la factura de la luz está imposible, pero hombre, que de noche también se vive. Sería lógico que hubiera alguna encendida y rascarse el bolsillo en otras cosas, que estoy segura que hay de dónde sacar.

Eso por no hablar de la infinidad de rotondas aquí y allá. Se supone que tienen como misión aligerar el tráfico, hacerlo más fluido, pero en algunas hay que tener valor para adentrarse. Conductores como locos y seguidores a pies juntillas de un código de circulación en ocasiones surrealista. Si todos tenemos que circular por el carril de fuera, porque en algún momento tenemos que salir, para qué sirven los carriles de dentro? Quién los puso ahí?

Por eso conviene armarse de paciencia. Nunca sabes lo que te vas a encontrar. Y el camino no será fácil, aunque lo intentes.

   
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