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El papón Motorhead

 

javier tomé
11/03/2018

Aristócrata del espíritu merecedor de figurar en la estirpe de la caballería andante por su savoir faire, vaya por delante que aprecio muchísimo y respeto profesionalmente al gran Javier Fernández Zardón, encargado el presente año de difundir el evangelio de la Semana Santa mediante el pregón que tendrá lugar en el Auditorio el próximo sábado día 17. Y dada mi triste opinión genérica sobre la especie humana, creo que es preciso destacar la autoridad apostólica de un alborotador de conciencias que, por muchas y válidas razones, no deja a nadie indiferente. Más chulo que un ocho y siempre ansioso de mambo, da hasta apuro andar con él cuando se pone a caramelear por su zona de confort, bonito y arreglado como un jardín inglés, vivaqueando entre la tienda de Juanín en la calle Ancha y sus bares favoritos del barrio Romántico, ya que mujeres de todo pelaje se arrojan a los brazos del que se considera el soltero más cotizado de León. Su acreditada afición por la perfomance le convierte en una apuesta segura a la hora de exaltar los muchos valores del ritual católico, con el que siempre estuvo muy vinculado.

Es más, según rumores más o menos contrastados, el bando contrario e irreverente le hizo una oferta de muchos ceros para que se pasara con armas y bagajes al culto descreído de Genarín, que rechazó indignado por considerarlo una charca tan inmunda como la corrala de la tía Facunda. Así que tiene la palabra Motorines o Motorhead, que de ambas formas se le conoce en los ambientes folklóricos, quien con su morro fino y el verbo de seda a lo Pemán ejercerá como el más acertado pastor de almas. No en vano le sobran tablas y pasión, aparte de que se le tiene por una de las mentes más certeras y honestas de su generación, por lo que la charleta será sin duda digna del oráculo de Delfos y le consagrará como un gran clásico semanasantero. Al fin y al cabo, a Noé le van a contar lo que es el diluvio… Maestro, aunque no te haga falta, que Dios reparta suerte y una pequeña y humilde recomendación última: discurso corto, canapés surtidos y abundantes bebidas largas.