+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

cuerpo a tierra

Pardales y estorninos

 

antonio manilla
13/06/2018

Los técnicos del Ayuntamiento que se ocupan de esas contabilidades dicen que en León hay ocho mil estorninos. Esos y algunos más me parece a mí que se posan cada anochecer en la exigua arboleda del parque recién remozado de San Mamés. Sin embargo, no dicen el número de gorriones que habitan en la ciudad. A uno le parece que cada vez son menos. Es un cálculo a ojo de buen cubero, porque los pardales no cogen el Ave ni van a buscarse la subsistencia a los madriles, pero tiene uno la impresión que ya tampoco llegan de todos los alfoces de la provincia a la capital, como entonces.

El gorrión de la bimilenaria ciudad, aunque aún no sea una especie en extinción, vive un franco retroceso. Los ejemplares que todavía perduran son en su mayoría aves jubiladas y adocenadas, acostumbradas a las migas que les deja el vecindario, pájaros redondeados por la falta de ejercicio y acosados por esos gatos callejeros a los que ahora el gobierno municipal se dispone a controlar a través de la castración preventiva. Completamente amirlados, andan más por el suelo que por el aire, tontamente anidan hasta en los plátanos consistoriales que cada año se podan hasta el tuétano. No tienen nada que ver con aquellos vivarachos y graciosos pardales antiguos que revoloteaban entre las piernas de los viandantes con la intención de confundir sus pasos, enredando con el juego de la existencia la escritura de la historia de lo que quiera que sea esta ciudad.

El descubrimiento de León por los estorninos es un acontecimiento que, desde algunos sectores, se viene celebrando con muchas alharacas. Cualquier día nos despertaremos reverenciando la presencia esquilmadora en las orillas del Bernesga y del Torío de esos chabolistas tan elegantes y marineros que son los cormoranes. Tiempo al tiempo. Con el coto de pesca urbano, que mientras fue consejero de Fomento de la Junta nunca apoyó y ahora alboroza al alcalde, a poco que se repueble, ahí está el «Manjar de Reyes» para estos piratas del agua. Volviendo a los estorninos, uno, en fin, tiene la convicción de que están muy bien esos dibujos que con sus vuelos vespertinos trazan contra el celaje en bandada, esas figuras como de fin de semana que alegran por unos instantes la vista, dejando en la memoria de la retina un capital, pero también tienen un algo de espejismo muy concreto: ruidos, patinazos, excrementos.