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EL CORRO

Peleando el voto hasta el último minuto

 

PEDRO VICENTE
15/12/2015

Desconozco en el momento de escribir estas líneas cómo habrá discurrido el debate televisivo mantenido anoche entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez y cual ha sido el nivel de audiencia que ha alcanzado. Siendo un mano a mano que ha tenido continuidad desde los que protagonizaron Felipe González y José María Aznar, en esta ocasión se ha convertido en elemento un tanto fuera de cacho dentro de una campaña por derroteros sin precedentes.

Reducir a estas alturas las alternativas políticas a las dos patas del bipartidismo (vale que imperfecto) imperante desde 1977 supone desafiar inútilmente la realidad. Dicho reduccionismo, que ya se demostró desfasado en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, no se corresponde con el nuevo escenario político, mucho más plural y complejo, que se ha abierto paso en la sociedad española. Ya no son, ni por asomo, únicamente dos las opciones posibles. Bien lo estamos viendo en todos los sondeos, que, al margen de sus dispares horquillas, coinciden en reflejar un nuevo cuadro de actores propio de un libreto mucho más coral.

El llamado voto útil, que tanto ha contribuido en el pasado a consolidar ese bipartidismo, ya no funciona. No sólo eso: hay un amplio sector del electorado que tiene claro que la utilidad de su voto pasa justamente por no votar ni al PP ni al PSOE, asociados, mal que les pese, a los vicios que han minado el crédito de la clase política. Y tanto o más que la apelación al voto útil, está asimismo condenada al fracaso la estrategia del voto del miedo, otro lamentable resabio de un pasado felizmente superado.

No son los únicos convencionalismos que han saltado por los aires en la presente campaña electoral. También se ha derrumbado el mantra de que las campañas apenas tienen incidencia en el electorado, algo que podría ser cierto hace cuatro años, cuando la mayoría absoluta del PP estaba cantada de antemano. Todo lo contrario que ahora, en que hay escaños en liza que pueden decantarse hacia un lado u otro tan solo por un puñado de votos en disputa hasta el último minuto.

Lo que se da por descontado es un nuevo mapa político inédito que hará que nos acostemos el domingo sin saber quien va a gobernar en España en los próximos cuatro años. Por no saber, no es seguro que vaya a ser presidente alguno de los que se presentan como candidatos a serlo, ya que no cabe descartar que el cambio de candidato constituya una de las exigencias impuestas en las negociaciones imprescindibles para alcanzar una mayoría de gobierno. Más emoción, imposible.