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cuarto creciente

Pensiones

 

carlos fidalgo
11/01/2018

El establishment anda un poco revuelto desde que Pedro Sánchez, el hombre que quiere enterrar al viejo PSOE del turno de partidos, ha propuesto financiar las pensiones y parchear el déficit de la Seguridad Social con un impuesto extraordinario a la banca. El argumento tiene mucho peso; si los bancos recibieron dinero público —hasta 77.000 millones de euros— para salir de la crisis, dinero que permitió sanear sus balances y que en su mayor parte no ha recuperado el Estado, ahora deben devolver el favor y aumentar su aportación para que el sistema no quiebre.

La idea es que los jubilados no pierdan poder adquisitivo, que los que trabajamos y cotizamos no nos quedemos sin jubilación y tengamos que fiar nuestra tranquilidad a planes privados, y que no vuelvan a ser las clases medias, cada vez más menguantes, las que sostengan con una mayor carga fiscal la política económica del Gobierno.

La propuesta parece razonable. Recuerda a aquella frase de Nicolás Sarkozy, el político conservador que presidió la República Francesa, tan poco sospechoso de ir contra el sistema, que al comienzo de la crisis —y recuerden que todo empezó con el colapso de las hipotecas basura y el estallido de la burbuja inmobiliaria inflada por una legislación que favoreció la especulación con el suelo— afirmó que había que «refundar el capitalismo».

Pero el PSOE, el de Pedro Sánchez, que parece un PSOE distinto al de Susana Díez y la vieja guardia, no nos gobierna. Y no sería la primera propuesta realizada cuando se ejerce la oposición —y esta es un guiño evidente a los electores de Podemos, aunque se inspire, dicen los socialistas, en medidas que ya implantó el no menos conservador James Cameron en el Reino Unido— se desvanece una vez que se alcanza el Gobierno porque choca con grupos de interés más poderosos.

Y la banca nunca pierde. No, la banca nunca se resigna a ganar menos dinero. Esa es una regla de oro. Si al final repercute el impuesto extraordinario sobre sus clientes en forma de comisiones, otra vez será la clase media, o lo que quede de ella, la que pague la factura de las pensiones.

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