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Un periodista de novela

 

fuego amigo ernesto escapa
07/05/2016

La muerte no dejó a nuestro paisano Félix Pacho Reyero (1932-2016) atisbar este mayo en que van a cumplirse los cincuenta años del incendio de la catedral. De aquel suceso y de tantos otros que hoy alcanzan la condición de acontecimientos, Félix Pacho fue el mejor y más jugoso cronista, tanto desde las páginas de este diario como en su acopio de Tierras de León. Cuando dejó la provincia para ocupar responsabilidades de dirección en la prensa de Madrid, mantuvo el vínculo con nuestra tierra a través de libros memorables, como el Viaje a la gastronomía leonesa, que le publicó Nebrija en 1978, o su versión peregrina Del buen yantar en la ruta jacobea, que yo le edité en 1993.

De aquel tiempo, quedó en el telar de los compromisos incumplidos un volumen periodístico titulado Crónicas menores de Castilla y León. Abundante correspondencia y reiteradas charlas enriquecieron aquellos trajines infructuosos. Para entonces, Luis Mateo Díez ya lo había convertido en protagonista de su novela Las estaciones provinciales (1982), donde su trasunto Marcos Parra sortea con humor y pesquisas las contrariedades cenicientas de aquella “ciudad raposa, con la luz degollada y metida en un saco”. Son los años cincuenta, cuando León asiste a la construcción acelerada del estadio de la Puentecilla, que vigila el guarda Belisario. Parrita acaba convertido en “náufrago de un mar de miserias”.

Desde León, Félix Pacho Reyero recaló en Madrid, donde fue uno de los dos subdirectores del diario Informaciones. Al poco tiempo, primavera de 1978, con su compañero de los agustinos Rodolfo Martín Villa ya ministro, un grapo de Sahagún lo utilizó como buzón para reivindicar el asesinato del director de prisiones. Andrés Mencía Bartolomé había sido dominico en Valladolid antes de tomar las armas. Luego pasó varias décadas preso y desde hace nueve años se dedica a la literatura. El tercer libro de Félix Pacho surgió con el centenario de su director en Diario de León: La dimensión periodística de Antonio González de Lama (2006) combina memoria y pasión. Un trienio más tarde, publicó su libro dedicado a Victoriano Crémer (2009), otro testimonio de lectura apasionante. Y una vez cumplidos los débitos con el oficio y la provincia, insistió con la pasión jacobea, recordando siempre que la Vía Trajana discurría por la paramera desolada de Calzadilla de los Hermanillos. La siguiente etapa informativa de Félix Pacho estuvo vinculada a la agencia Efe, tanto en su sede de Madrid como en Centroamérica. Desde allí contó el asesinato de monseñor Romero. Y volvió a León, a fundar La crónica de León , en marzo de 1986. Experiencia dolorosa, que le hizo tragar la hiel de la nostalgia. Publicó dos libros más, en 2010 y 2012, de asunto jacobeo.




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