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TRIBUNA

La política contra la Historia

 

La política contra la Historia -

Francisco Carantoña Profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de León
03/03/2018

Debería resultar escandaloso que, como ha sucedido en León y no es la primera vez, un partido político con representación en las instituciones intente dictar a la universidad y a los historiadores lo que deben decir sobre la historia. Es un triple atentado contra libertad de opinión, la libertad de cátedra y la libertad de investigación, todas ellas protegidas por el artículo 20 de la Constitución. Una agresión contra la libertad, la razón y la ciencia que descalifica a quien la comete. Solo así puede interpretarse que se ataque a un departamento universitario por organizar un seminario con medievalistas de primer nivel y hacer lo que debe: que los alumnos participen en una actividad formativa. Escandaloso es que se le pida ¡una rectificación! Ridículo que se afirme que exposiciones académicas rigurosas y mesuradas constituyen un insulto.

Por desgracia, no es un hecho aislado. La ley recientemente aprobada por el parlamento polaco para evitar que se vincule a Polonia con el holocausto recuerda mucho a lo que sucede en Turquía con las referencias al genocidio armenio. Se trata de imponer una supuesta ‘verdad’ histórica oficial y, cómo no, de combatir a los «antipolacos» o los «antiturcos», como Franco censuraba a los historiadores «antiespañoles» o aquí hay quien pretende hacer lo mismo con los acusados de «antileoneses». En León llueve sobre mojado, parece haberse olvidado que el Ayuntamiento declaró, en 2004, ‘persona non grata’ al historiador Mariano González Clavero y pidió la retirada de su libro El proceso autonómico de Castilla y León. A pesar del manifiesto que en su defensa firmaron más de 800 historiadores de varios países, la corporación aún no ha rectificado, todavía está a tiempo. Mientras no lo haga, pesará un baldón sobre la ciudad a la que representa. El PP, hoy primera fuerza municipal, se abstuvo entonces, pero no hace mucho, cuando el Ayuntamiento de Pontevedra hizo lo mismo con Mariano Rajoy, manifestó claramente que se oponía a ese tipo de resoluciones. No creo que Ciudadanos, León Despierta y León en Común sean partidarios de la censura y parece que el PSOE ha olvidado aquellos desvaríos, debería existir una clara mayoría favorable a la revocación de un acuerdo bochornoso.

Es indudable que el poder siempre pretendió manipular la historia, lo mismo que muchos movimientos políticos, sobre todo nacionalistas, y que siempre hubo cronistas, militantes o venales, que se prestaron a ello, pero la responsabilidad del historiador es otra. La Historia no es una ciencia exacta. Según la época, pueden establecerse los hechos de manera incontrovertible, algo cada vez más difícil si nos alejamos en el tiempo, pero el análisis de los procesos históricos, de sus causas, de sus características, siempre estará sometido a controversia. Puede considerarse una debilidad, pero también es una grandeza. El debate es consustancial con la labor del historiador y que existan perspectivas distintas no supone necesariamente que unas sean ciertas y otras falsas, con frecuencia resultan complementarias y enriquecedoras. Al historiador se le puede pedir independencia, honestidad, conocimiento de la historiografía, método y rigor en el tratamiento de las fuentes. Con esas premisas, su obra siempre tendrá interés, aunque se discrepe sobre ella. Desde luego, como sostiene Peter Mandler, debe ser autónoma «tanto del presente como de los políticos, de las demandas inmediatas del mercado, de los debates diarios del periodismo y de los mass media».

Me voy a permitir una cita de un gran historiador británico, Eric J. Hobsbawm, muy pertinente con relación al debate sobre el origen del parlamentarismo: «La deconstrucción de mitos políticos o sociales disfrazados de historia forma parte desde hace tiempo de las obligaciones profesionales del historiador, con independencia de sus simpatías. Los historiadores británicos, según cabe esperar, están tan comprometidos con la libertad británica como cualquier otra persona, pero esto no les impide criticar su mitología. En otro tiempo a todos los niños británicos les enseñaban en la escuela que la Carta Magna era el fundamento de las libertades británicas, pero desde la monografía que McKechnie escribió en 1914 todo universitario que estudie historia británica ha tenido que aprender que el documento que los barones arrancaron al rey Juan en 1215 no tenía como finalidad ser una declaración de la supremacía parlamentaria y de la igualdad de derechos para los ingleses libres por nacimiento, aunque como tal se la consideraría en la retórica política británica mucho después. La crítica escéptica del anacronismo histórico probablemente es hoy la principal manera en que los historiadores pueden demostrar su responsabilidad pública».

Rajoy no se había equivocado cuando dijo que en el reino británico estaba el origen del parlamentarismo. Fue allí donde, en los siglos XVII y XVIII, surgieron los embriones de partidos políticos, tories y whigs, donde se produjeron los primeros debates modernos, donde el parlamento adquirió auténtica capacidad legislativa y donde comenzó a controlar al ejecutivo. Eso es independiente de que hubiese o no Cortes en León en 1188. Eso sí, ni en el Reino Unido en la Edad Moderna, ni en León en la Edad Media había democracia. Sostener esto, o cuestionar aspectos del texto de los Decreta, como hizo Carlos Estepa, no es ser antileonés, es actuar con responsabilidad como historiador.

   
4 Comentarios
04

Por Chema 9:24 - 05.03.2018

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Muy buena la contestación de "Arrebole" No se puede decir mejor con menos palabras. Como casi en todas las cosas, "La pluralidad bien entendida empieza por uno mismo" y el Departamento de Historia de la ULE, no debería tirar piedras al tejado ajeno cuando tiene el suyo de cristal. Así que se agradecería, menos corporativismo y más autocrítica.

03

Por Max.Andeón 15:55 - 04.03.2018

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Suscribo con plena consciencia cuanto ha dicho "arrebote". No hablar de democracia, sí de parlamentarismo y por supuesto de Reino de León.

02

Por santicos 10:24 - 04.03.2018

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Bravo por el comentario me gusta

01

Por arrebole 12:51 - 03.03.2018

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Muy interesante, sí... Y me gusta su argumento. Yo tengo un argumento sobre lo que ocurrió en la ULE. En mi opinión es importante respetar la Libertad de la universidad para generar su programación con independencia de consideraciones políticas ajenas a la misma, bien. También es libre de invitar a los ponentes que estime oportuno, ok... Vamos al formato y al enfoque... A mí parecer, el contexto social y político de la región Leonesa no tiene una controversia conocida sobre el asunto del Parlamentarismo del Reino de León. No conozco ese debate público. Tampoco conozco un marco político en el que las instituciones públicas hayan hecho un homenaje institucional a un reconocimiento internacional como es el que nos compete. Bien. Si en este escenario, me monta la ULE un seminario para cuestionar esas Cortes y el formato elegido es unidireccional y monocolor... Bueno... Tengo que decir que me parece de una calidad bajísima como evento para una universidad. Un formato plural y con ponentes implicados en el reconocimiento oficial, como sería un representante de la UNESCO, más otros medievalistas con visiones diferentes a las de los invitados en esta ocasión hubieran dado, por una parte, la opción a los estudiantes a ejercitar la reflexión y el pensamiento crítico... Y... Además, una institución de cultura, como es la ULE hubiera dado ejemplo de una institución que promueve los principios de pluralidad y democracia. En fin, ni había contexto ni es el formato. Nuestros jóvenes del País Leonés se merecen mucha más calidad en las propuestas de las universidades leonesas, sin duda...

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