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LA LIEBRE

Primavera

 

ÁLVARO CABALLERO
13/05/2018

La primavera regala redundancias en León como ver nevar sobre las copas floridas de los frutales en pleno mes de mayo. La estación adolescente tiene caprichos a mediodía que contravienen al sol que ofende por la mañana y que, vencida la acometida de las nubes torvas, vuelve a última hora para acostarse con el azul del cielo raso sobre las cresteras del poniente cuando ya no hay más tareas que hacer. La primavera en esta provincia cambia de humor a poco que tire el viento por la esquina opuesta. Sopla como si quisiera descuajar las ramas y de pronto se vuelve un rumor que abanica las hojas. Se enciende en pedradas de granizo sin avisar y al tiempo se tiende dócil sobre la hierba que antes había castigado. No sabe uno a qué carta quedarse. No existe más certidumbre que la que ofrece la sombra cuando crece sobre el suelo cada día unos centímetros más alta para derrochar luz sobre los campos. Pero pese a esta ofrenda, no se entiende bien si aprovechar el tempero para plantar con previsión de bonanza o aguardar con cautela para que la helada no se lleve por delante el brote encanijado que descolla guarecido en el surco. La inestabilidad es lo único seguro en este tiempo. Mañana cabe esperar lo mismo. Sin garantía alguna de que este principio no sea más que otro final.

La primavera enhebra las horas que perdimos en invierno para que nos encaramemos a los atardeceres con la galbana prendida de los hombros y las manos en los bolsillos de la cazadora. La estación con más promesas incumplidas nos levanta unos días con todo por estrenar, excitados por la inmediatez de lo nuevo, y nos arrastra otros enfadados con nosotros mismos sin que sepamos muy bien por qué, como si tuviéramos una deuda en algún sitio al que olvidamos ir y ya no nos espera nadie. En ese tobogán anímico, nos agarramos al pálpito del pantone desenfrenado de verdes y amarillos que se arrama por el horizonte en el que se anuncia el verano, convencidos de que llegaremos allí a tiempo. No hay más remedio que seguir. No queda alternativa diferente en la que encontrar una respiración profunda, una pausa en la que descansar los ojos y pensar un poco. La primavera no espera por nadie, siempre en tránsito hacia otro lugar. A cara o cruz, nos plantamos otro año más en la encrucijada entre el frío que arrastramos y el estío que nos viene. Por eso aquí nos volvemos yonquis de este tiempo que nos agita. No hay otra estación en León que se parezca tanto a la vida.

a b

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