+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

FUEGO AMIGO

Primera reina europea

 

ERNESTO ESCAPA
10/03/2018

Sin duda, la reina Urraca (1079-1126), que alcanzó el trono siendo viuda y se vio forzada a casarse de nuevo, fue una mujer muy superior a las expectativas de su tiempo, y por eso la vida no le resultó fácil. Hija de Alfonso VI, que la tradición atribuye a relaciones incestuosas con su hermana, se verá relegada en la sucesión por su hermanastro Sancho. El rey acaba de sufrir la humillación del juramento de Santa Gadea y toda la nobleza entiende que fue la mano que armó a Bellido Dolfos en Zamora. Al morir el príncipe Sancho en Uclés, Urraca se convierte en heredera. Cuando entierra a su padre en Sahagún, es coronada como reina. Entonces se le plantea la exigencia de tener marido y se casa en el castillo palentino de Monzón durante las vendimias de 1109.

Después de las obras clásicas de Lope, fascinado por su aventura con Candespina, y de García Gutiérrez, que realza la defensa de su hijo, en 1982 aparece la primera monografía sobre el reinado de Urraca, obra del medievalista Bernard F. Reilly, que sigue sin versión española. Tendrán que pasar décadas hasta que ve la luz otro estudio universitario solvente, de los profesores Portela y Pallares (2006). También del 82 es la novela Urraca, de Lourdes Ortiz. La Crónica Compostelana caricaturiza a Urraca como víctima de amores desenfrenados y nos habla de una reina que gobernó «tiránica y mujerilmente durante diecisiete años y concluyó, de parto adulterino, su infeliz vida en el castillo de Saldaña». El 8 de marzo de 1126, siglos más tarde declarado Día de la Mujer, aunque ninguna evocación conmemore aquel suceso.

De su relación con los hombres, atraídos por su belleza, destacan el arzobispo Gelmírez y su segundo marido, el rey aragonés. Alfonso el Batallador sólo logrará consumar el matrimonio ante testigos cuando ella le da la espalda. No serán más satisfactorias las relaciones con Gelmírez, auténtico genio malo en la vida de la reina, que se alió sucesiva y alternativamente con los maridos, con la reina y con su hijo, enfrentando a unos con otros. También fue su amante impotente, que se vengó de la humillación mandando tallar a Urraca en el pórtico de las Platerías de la catedral de Santiago como la mujer adúltera, que lleva la cabeza de su amante en la mano.

Los avatares del reinado incluyen la boda con Alfonso I, sus desavenencias y repudio; la manipulación de su hijo por el arzobispo Gelmírez; los encuentros desabridos con su hermanastra Teresa, que quiere ser reina de Portugal; los amores con los condes de Candespina y Lara o los suplicios de su ‘brazo seco’, que sólo le calma el balneario de Boñar. Fue tanto el peso de la maledicencia, que la tradición asimila su nombre al de barragana, desapareciendo para siempre del nomenclátor leonés.

Buscar tiempo en otra localidad