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el baile del ahorcado

¿Quién da la vez?

 

cristina fanjul
16/03/2017

Una paradoja es una figura retórica que conlleva significados en principio contrapuestos. Digo en principio porque cuando comienzas a analizarla te das cuenta de que no hay nada que explique mejor un concepto que una paradoja. Con las paradojas no hay lugar a matices ni equívocos. Pasa como con Alfonso Fernández Mañueco, que defiende la democracia pero considera que ésta debe regirse por la jerarquía militar. El escalafón es, según el alcalde de Salamanca, la norma que debería decidir la elección del próximo presidente del PP, lo que sugiere que para el secretario general de los populares los militantes son tropa, hueste, soldados dignos de sacrificarse por un bien mayor, supongo que él mismo, aunque esto es mucho suponer.

Si yo fuera psicoanalista, diría que el subconsciente de Mañueco trabaja en contra suya, pero como no lo ?soy, me callo. Que lo diga José Antonio de Santiago Juárez, que es psiquiatra y no creo que haya caído en la trampa del discurso inverso de Mañueco. Ayer aseguró lo mismo que Herrera hace un año en el Ritz.

La paradoja. No deja de resultar insólito que en el mismo relato, el regidor charro conjugue su derecho de pernada con la democracia interna. No encaja.

No encaja nada, como lo de la obligación súbita de estar al corriente de los moneys, que más que un partido político, el PP parece un banco, con comisiones por descubierto, con plazos sine die, deadlines... un sinfín de barreras que demuestran que el futuro les ha pillado con el pie cambiado. Porque para una vez que hay algo en el partido parecido a la democracia interna, llega el presidente del Comité Organizador del Congreso y se despacha con un lacónico «es que estaba en Roma», que es más que una astracanada. Es una banalidad, una falta de respeto y, lo que es peor, un aburrimiento. Porque este proceso, que podría resultar provechoso, está poniendo en evidencia que da igual, todo da igual en un partido que lleva tanto tiempo en el poder que ha prescindido de cualquier idea que no sea precisamente la que engalana la gran paradoja de Alfonso Fernández Mañueco: ‘Quiero el poder porque me toca’. ¿Ideas? ¿conceptos? ¿proyectos? Todo me recuerda más a la cola de un supermercado con alguien que pregunta quién da la vez.

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